Fotografía de Valeska Escanilla para Humo Negro.
Para los que asistieron al concierto de Steven Wilson anoche en el Caupolicán, convertido en un verdadero éxito, estarán de acuerdo cuando se menciona que los buenos augurios no aparecieron con la primera patita a tablero vuelto en el Teatro Oriente, el día anterior. Ni siquiera con el anuncio de su esperado arribo a estas tierras, ni tampoco con el consiguiente agotamiento de las entradas.
La verdad sea dicha, lo ocurrido en este último par de días es una consecuencia lógica de una carrera originada hace casi tres décadas por el artista británico, y que ha surcado las aguas de diversas bandas, cada cual erigida a una cúspide particular, prueba fehaciente de una calidad incuestionable, una inquietud adepta a todos los matices que le ofrezcan y una honestidad libre de cualquier dejo de vanidad. Porque desde el minuto uno, con ‘No Twilight Within the Courts of the Sun’, hasta el bis con dos joyas de Porcupine Tree, Steven Wilson fue un constante clímax visual y musical. Un reto a los sentidos que a nadie dejó indiferente. Te falta leer lo mejor →