Un poquito de sudor por favor

La maldad no se finge y la oscuridad no se simula. O sea, es o no se es. Esa idea de “me visto de negro, porque negra está mi alma” es un dicho penca y viejo, pero bastante cierto. Los recuerdo de corbata y pelo bien cortado, la patilla perfecta, mirando hacia el horizonte.
Una especie de seriedad y melancolía, introspección de cielo gris con toques urbanos in extremis, rematados con un pucho fumado con frío y el ceño fruncido frente a las cámaras de tu video clip. Y una estética extraña, encerrada. Harto cemento, harta gomina, zapatos de vestir y lentes ad hoc. Pero siempre ese gustito a tendencia ajena, a la no pertenencia. O es que la camisa te queda grande, o el pantalón te queda corto de tiro, o el zapato te hace una herida en el talón, pero algo no calza bien. Ni contigo ni con lo que al mismo tiempo está pasando a tu alrededor, cuando algunas cabras se fundaban en minis de charol celeste y bailaban Golden Boy, mientras otras se envolvían en los primeros negros rígidos que hoy nos tienen casi dominados y con tantos pies calcinados bajo el sol ardiente y el asfalto en llamas de la capital. Te falta leer lo mejor →
























