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Stone Temple Pilots – Movistar Arena (07.12.2010)

Por Jean (Perrojo) Parraguez | 08-12-10
StoneTemplePilots

Los hechos apuntaban a que nunca iba a ocurrir. El año 2002 finalizó la primera época de Stone Temple Pilots entremedio de enfrentamientos, adicciones y rehabilitaciones infructuosas. El 2007, Scott Weiland visitó nuestro país con su banda de entonces, Velvet Revolver, y las dos canciones del recuerdo que ofreció tuvo un efecto contrario: en vez de aquietar la ansiedad, esta se vió acrecentada por los fans.

Finalmente, para el 2008 se anunció el regreso de los cuatro integrantes en pleno de STP, y las esperanzas se fortalecieron enormemente cuando nos enteramos de que la respectiva gira contemplaría el cono sur. Sin embargo, Argentina fue el único lugar que supo de ellos. Con las ganas aún latentes, el conjunto anuncia nuevo disco (tras casi una década), con su respectivo tour que, ahora si, incluyó a Santiago de Chile como una de las paradas en sudamérica.

Un Movistar Arena cuyo aforo estaba atestado hasta las banderas fue testigo de parte de una de las páginas más destacadas que nos brindó el rock en la década de los ’90. Previo a ello, vimos el desempeño en vivo de The Suicide Bitches. El quinteto comandado por Felipe Arriagada destiló rock garage por cada vértice, una característica que podría haber sido mejor apreciada de haber mediado la suficiente asistencia desde la consola. Cosa común en los teloneros nacionales, estos son usados como carne de cañón en lo que a materia de sonido se trata. Una verdadera lástima.

Por mucho que uno pueda esbozar críticas a la manera en que se trata en ocasiones a las bandas de apertura, lo que de veras importó era cómo sonaban los reformados muchachos de San Diego. Y vale decir que el trío de canciones que sirivió para romper el hielo con el respetable fue, hay que decirlo, un golpe a la quijada que pudo haber noqueado a todo el mundo: ‘Carackerman’, ‘Wicked Garden’ y ‘Vasoline’, que se sucedieron sin pausas y que dejaron totalmente boquiabiertos al público, que cayó fulminado al instante. De su última placa homónima, sólo mostraron cuatro canciones, que se distinguieron mucho más poderosas que en su registro en estudio. Del sonido no hay mucho que detallar, salvo algunas dificultades para escuchar el bajo de Robert De Leo al principio del concierto.

Scott Weiland se ve mucho más repuesto, con un registro vocal que puede distar de lo que conocíamos de él (‘Still Remains’), pero que está en mucho mejor forma que en la gira del 2008, lo que nos da a entender que su calidad va en aumento. Escueto en sus declaraciones, el vocalista parece montar un show aparte con sus movimientos en las canciones, lo que claramente es seguido por todo el mundo.

Aunque es obvio que el centro de atención se lo lleve Weiland, hay que reconocer que el motor de este engranaje llamado Stone Temple Pilots se encuentra, diciéndolo de cierta forma, en el arco: Eric Kretz maneja y lleva los tiempos en cada tema, deteniéndose o apurando el tranco según las necesidades que delate su frontman. Y quienes lo flanquean en esas labores -lo hermanos Dean y Robert De Leo- han mostrado ser adherentes de una confiada base en la que Weiland se mueve como pez en el agua y se siente protegido; quizás esa sea la explicación de su reencuentro.

Con una lista de canciones que se hizo en pos de dejar a todo el mundo contento, tuvo claramente dos damnificados: los discos «Tiny Music…Songs From The Vatican Gift Shop» (que aportó con una canción), y «Shangri-La Dee Da», que fue ignorado completamente del set, y que es calcado al que vienen mostrando en su gira. Obviamente, adentrarse en esa discusión da para largo, pero no sacará ninguna conclusión limpia. Lo que si es una certeza es el bonito show que nos dió la banda, una visita esperada por mucho tiempo, que tuvo la sapiencia de mostrarnos todas sus facetas, y que aún les queda aliento para brindarnos más música.

 

Foto por Javier Valenzuela para Rocknvivo.

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