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Sonic Youth y La Roja: Un domingo para no olvidar (29.03.2009)

Por Jean (Perrojo) Parraguez | 30-03-09


29 de Marzo. Nada qué temer. Día del joven combatiente. Qué importa. Lo único que nos trajo el día de ayer fueron sonrisas, sólo sonrisas.

Partamos por el deporte rey. No todos los pensamientos estaban centrados en Thurston Moore y compañía, sino que también en la «locademia» de Bielsa, que jugaba contra Perú. Cuento corto, Chile ganó sin despeinarse, todos felices en algún bar cercano al Movistar Arena, bar que estaba atestado de fanáticos que abandonaban alegres para irse a otra cita, que tenía el mismo fin. Y no era cualquier cita. Hablo de una cita que era una deuda con más de 20 años en intereses.

Sonic Youth en Chile. Por fin. Se esperaba una explosión de sonidos, pero Thurston Moore, Kim Gordon, Lee Ranaldo, Steve Shelley y Mark Ibold nos dejaron con la boca abierta, peinados para atrás, los ojos como platos y los oídos fundidos.

Es prácticamente imposible tratar de expresar lo que a cada uno le pasó por la cabeza cuando veían a Moore y Ranaldo en una verdadera batalla de guitarras, un «solo de cable», o en una de las tantas veces que asesinaron al público cuando agarraban las guitarras a baquetazos; a Kim Gordon dando saltitos como un krishna sobre el escenario, hacer largos outtros sólo para hacernos saber que con acercar un poco las seis cuerdas al amplificador se puede entrar a otra dimensión y no querer salir. Sin palabras.

El respetable también se hizo notar, algo que causó una gran sorpresa en los músicos (se fijaron en la cara llena de risa de Ranaldo y el bajista Mark Ibold?), al punto de que Thurston Moore quiso participar de la algarabía y se tiró al público. La gente estaba absolutamente prendida, saltando, aplaudiendo a rabiar cada ráfaga que descendía del escenario, los Sonic Youth no encontraron gente contemplativa con cero participación, sino que 9 mil almas que estaban aportando con su ruido también, coloreando las estrambóticas formas del quinteto neoyorkino. Mirando a la gente me dió la impresión de estar dentro de la película «Singles»: la mayoría vestidos a la usanza de lo que era ser «alternativo» en los tempranos ’90. Todos retrocedimos sus buenos años.

Poco menos de dos horas. 18 canciones (muy poco) que nos hicieron recordar (o darnos cuenta) que la Juventud Sónica es con seguridad una de las diez bandas más influyentes de todos los tiempos. Me juego lo que sea a que casi todas las bandas formadas de 1985 en adelante les deben algo. Es bueno recordar que no todo se basa en notas establecidas y en esquemas probados infinidad de veces. Sonic Youth pone a prueba una y otra vez nuestra capacidad para soportar lo que entregan: líneas inconexas que entran en completa armonía cuando se escuchan, que se comprenden de inmediato, que nos llevan de viaje y nos traen de vuelta sin avisar. Música capaz de dejarnos con una sordera increíble. Pero también con una sonrisa de oreja a oreja. Deuda saldada.

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