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Opeth – Teatro Caupolicán (28.03.2012)

Por [email protected] | 04-04-12

Fotografía de Javier Valenzuela para Rocknvivo.

Bajo la excusa de “Heritage”, su última placa, la banda de Estocolmo vuelve por segunda vez a estas tierras para dar una lección de profesionalismo y ejecución sublime. Pues aunque ha pasado el tiempo y su sonido ha ido evolucionando, dejando atrás las raices del Death Metal, no se puede negar la exquisitez que tiene Opeth en cada canción que ha compuesto a lo largo de sus más de 20 años de carrera.

Eran las 9 en punto y un Caupolicán lleno de chascas y poleras negras con el logo de la banda que estaba por aparecer en el escenario llamaban a coro a Akerfeldt y compañía, y sin un minuto de retraso, hicieron su aparición en el escenario para aclarar que venían a presentar su última placa, abriendo con ‘The Devil’s Orchard’. Los fanáticos no paraban de corear y saltar con este nuevo tema bastante rítmico en su inicio, para luego pasar a ser más progresivo. Luego de esto vino ‘I Feel the Dark’, tercer corte de la placa. Un track algo más tranquilo que el anterior, llevando a un viaje al  público a través de los nuevos caminos que está tomando Opeth a través del metal progresivo/melódico.

Luego de interpretar estas dos canciones, Akerfeldt hace sus primeras interacciones con el público. Bastante tranquilo y sereno, agradece el recibimiento y se muestra cómodo, a pesar de ser no ser tan expresivo. Luego, nos invita a evocar más de una década atrás. Empiezan a sonar los acordes de ‘Face of Melinda’ lo cual despierta mucho más a la gente de lo que se podría esperar. Todo el Caupolicán la corea y tararea, bastante nostalgia se siente en el ambiente, especialmente de los más viejos.

Acabado este viaje al pasado, el conjunto empieza su homenaje a Dio. Nos referimos a ‘Slither’, canción de un corte más heavy metal, lo cual es bastante raro de Opeth, pero aún así, logra retener la esencia que tienen los suecos en cada una de sus creaciones, ese sonido oscuro y misterioso.

‘Windowpane’ y ‘To rid the Disease’ dieron unas de las notas altas de la noche. Ambas salidas del primer corte progresivo/acústico “Damnation”, nos llevaba a una especie de introducción al último disco que nos entregan. Perfecta ejecución, un ambiente bastante calido y un público hipnotizado fueron los ingredientes para recordar que Opeth es más que gritos guturales, doble pedales y guitarras distorsionadas.

Seguido de eso, tocan ‘Burden’, escindida de su penúltima placa “Watershed” seguida de una de las mejores de “Heritage”: ‘The Lines In My Hand’, con la introducción de Akerfeldt diciendo “Esta es una de las canciones más complicadas del Heritage, a pesar de que se escuche básica. Nunca le hemos ‘achuntado’ perfectamente a esta, sin embargo esta noche, lo haremos” y así fue, una ejecución perfecta.

Ya para finalizar la presentación de su último largaduración en la noche, tocan ‘Folklore’, en la cual a Akerfeldt se le suelta la correa de su guitarra justo en un corte acústico, lo cual dejó en silencio al Caupolicán, muchos confundiendo el mal pasar con un corte de cuerda o algo por el estilo. El público obviamente apoyó con aplausos y gritos al líder por aquel bochorno, para continuar con el corte acústico sin pena y con mucha gloria.

La noche avanzaba, y si bien, muchos entienden que Opeth ya no es la misma banda, todos esperabamos ansiosos escuchar los gritos guturales de Akerfeldt, algunos para verificar realmente como podía pasar de cantar melodicamente a gritar sin problemas. Y se dio la oportunidad: ‘The Grand Conjuration’ y ‘The Drapery Falls’ cerraron la noche de manera espléndida, una ejecución sublime y un vocalista que superó las expectativas.

Luego de eso, la banda se retiró del escenario, como es habitual, para luego volver a realizar el encore pero sin antes presentar a los miembros de la banda, lo cual incluyó un solo de guitarra de Fredik Akesson, con lo cual no dejó en claro porque Michael lo llamó en sustitución de Peter Lindgren.

Luego del virtuosos solo de guitarra, Michael nos dice como introducción a la última pieza de la noche: “Es una buena canción para que la escuchen sus pequeños hijos antes de dormir”, lo cual hace poner en marcha a una de las canciones íconos de la banda: ‘Deliverance’. Un Caupolicán vuelto loco coreando cada estrofa de esta pieza maestra.

Un balance positivo para el segundo show de Opeth en Chile, sin embargo, debemos comprender que no nos debemos aferrar al pasado, olvidémonos de ‘Black Rose Inmortal’ o ‘In Mist She Was Standing’, y quien sabe, para el próximo show, olvidémonos de las voces guturales, pues como todo debe ser en la vida, Opeth está avanzando a otros niveles musicales, y más que mal, eso es lo que gusta a cada músico de verdad. Ya vimos el ejemplo con “Heritage”, veamos que sorpresa (espero que agradable) nos traiga Opeth a la copia feliz.

Por Nicolás Vergara.

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