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José González, minimalismo folk.

Por Gabriel Pinto | 25-01-08

Una tranquila noche de verano trajo, por segunda vez, a José González. Con su trova introspectiva y llena de emocionalidad, calló nuestras voces y nos sumergió a todos en otro espacio, en otra temporalidad. Ok, quizás pecamos de poetas en esta introducción, así que si quieres formarte tu propio criterio sobre lo que pasó anoche, sigue leyendo trás el salto.

A eso de las 21:15 horas, y con un Cine Arte Normandie casi repleto, las luces se apagaron para dar inicio a la presentación del duó sanfelipeño Dënver. Casi como si estuvieran jugando de visita contra el equipo puntero del campeonato de fútbol, las buenas intenciones (y canciones) de este dúo se diluyeron ante un público conversador, ansioso y, en algunos casos, poco respetuoso. A pesar de la sólida elección de canciones que formaron su repertorio (‘Miedo a Toparme Contigo’, ‘Corazón de Andrés’ o ‘Andén 6’ por nombrar algunas) y las adorables intervenciones de la integrante femenino de este dúo, las ganas del público por ver al sueco, sumadas a una (quizás) extensa presentación, hicieron que la salida de Dënver del escenario fuera un poco incómoda y forzada.

Tras un breve interludio que, entre otras cosas, sirvió para aliviar tensiones, las cortinas del escenario se volvieron a abrir para dar paso a un hombre mínimo con canciones mínimas: era José González, su guitarra y toda la fragilidad que en él se contenía. La imagen del sueco, sentado solo en un escenario, contrastaba mucho con la efervescencia pop que acábabamos de escuchar. Por causa de se contraste, y un público expectante, el silencio inundó por completo la sala.

Con un show sustentado mayormente en su disco In Our Nature (comentado anteriormente aquí en 192.cl) , y del que personalmente rescato las versiones en vivo que hizo de ‘Killing For Love’, ‘Time To Send Someone Away’ y la tristísima ‘How Low’, las canciones de González crecieron en forma y contenido a medida que los minutos pasaban. Irónico este último comentario ya que, en más de una ocasión, parecía que el tiempo se detenía: el silencio que inundaba la sala y una hipnotizante proyección al fondo del escenario, lograron que perdiera la noción del tiempo muchas veces.

En momentos, claro, esa sensación desaparecía. Sobre todo cuando el sueco interactuaba con el público, intentaba decir algún comentario en español y, más que nada, cuando saludó a su padre (presente en el público) debido a su cumpleaños número 60. Momentos necesarios en una presentación cargada sentimiento.

Luego de una primera parte en la que escuchamos «clásicos» como ‘Heartbeats’, ‘Lovestain’ y una acelerada y casi rockera versión de ‘Down the Line’ , finalizando con una ceremoniosa ‘Teardrop’ (cover de Massive Attack), las canciones que siguieron en el bis sirivieron de relleno para algunos y consuelo para otros. Fue ahí cuando González tocó la pedida a gritos ‘Crosses’ de su disco debut Veneer. Fue ahí también, cuando demostró por qué muchas de sus reversiones son adoradas y coleccionadas por varios alrededor del mundo: la tortuosa ‘Love Will Tear Us Apart’ – original de Joy Division -, que en manos de González pareciera tener otro significado; sumado a la cálida y melancólica ‘Hand On Your Heart’ – original de Kylie Minogue -, dan fe de ello. Es más, con ésta, la última canción que tocó (y una de mis favoritas), se me llegó a escapar un tímido lagrimón.

Lo de González, está demás decirlo, estuvo increíble. Más allá de las críticas que se le pueden hacer al público, está claro que lo de él no es para cualquier persona: mucha quietud y demasiada armonía, pueden exasperar a cualquiera. Sin embargo, almas frágiles (ja) pueden verse más que tocadas por su música. Lo único que me queda decir es gracias José. Gracias de verdad.

(fotos por Hixaga y equistene)

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