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Mos Def + Tote King & Shotta @ Teatro Caupolicán (11.05.2014)

Por Jean (Perrojo) Parraguez | 14-05-14

En cuanto se anunció el debut en Chile de Mos Def, uno esperaba una gran asistencia. Sin embargo, fue una agradable sorpresa ver que el recinto de calle San Diego llenaba todas sus ubicaciones con más de cinco mil fanáticos.

De la gente se destacó desde el minuto uno su compromiso, ya que desde temprano llegaron al local. Por eso, cuando Portavoz y Hordatoj hicieron su presentación, una cantidad importante de personas ya estaban prestos. De los MCs nacionales quedó claro una vez más que están hechos para las grandes masas: canciones coreadas y vitoreadas, una energía basada en la reciprocidad de la interacción artista-público como química primordial. Ambos, con un set contundente, pueden pararse en cualquier escenario. Un orgullo comprobarlo en una instancia como esta.

De la euforia provocada por los chilenos se cayó a la intervención de Toteking y Shotta. Los ibéricos tienen la pasta suficiente para montar un show que no decaiga y que ostente un punto de interés. Empero, su más reciente incursión en el estudio -«Héroe»- no levantó la polvareda esperada y eso se tradujo en un correcto show que no deslumbró y que incluso aburrió en algunos tramos. Algo decepcionante considerando los antecedentes de ambos músicos.

El plato fuerte, el más esperado, subió al escenario de manera discreta, sin mucha parafernalia y dispuesto a entregar un show sin concesiones al gusto popular. Desde el primer momento quedó claro que el músico seguiría sus instintos.

Con imágenes de la película «Wild Style» -todo un ícono dentro de la cultura hip hop- de fondo, el rebautizado Yasiin Bey demostró una potente voz, además de su respeto por el país, ya que al principio y al final sonó ‘Gracias a la Vida’, de Violeta Parra.

Tracks como ‘Auditorium’, ‘Casa Bey’, ‘Respiration’ el himno de Blackstar llamado ‘Definition’, además de ‘Umi Says’ y ‘Ms. Fat Booty’, imprescindibles de su debut «Black on Both Sides» (1999), brillaron con luz propia, aunque manejados con presteza por el oriundo de Brooklyn, que se sabía dueño de la velada haciendo valer su posición durante todo el concierto, algo que se notó cuando interpeló a algunos que pedían más títulos de su cosecha más clásica.

Al ya mentado homenaje a Violeta Parra, Mos Def nos entregó su gusto por Death cuando bailó completa la canción ‘Views’, concentrando una atención total con sus movimientos; o cuando hizo escuchar ‘Woldlife’, pieza original de 1975, perteneciente al baterista de jazz Tony Williams. Una prueba multifacética de su permanente investigación como músico, que se ha granjeado un respeto visceral.

El encuentro de Mos Def con el público nacional no merece estar etiquetado dentro del apelativo «deuda saldada». Nada de eso, la noche del domingo presenciamos a un artista íntegro, siempre pendiente de evolucionar y perfeccionar las maneras de entregar arte, sin empantanarse en concesiones de ningún tipo. Como él mismo lo dijo: «aquí, yo soy el jefe». Toda la razón.

Fotos: Hernán Briones

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