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Lollapalooza Chile, día 2 – Parque O’Higgins (03.04.2011)

Por Jean (Perrojo) Parraguez | 07-04-11
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Tras un largo día inaugural, en que la evaluación a todas luces es pulgares arriba, quedaba confirmar qué tan apto y preparado estaba Chile ya no para recibir, sino que para sustentar en el tiempo más versiones de un festival de la envergadura que ostenta Lollapalooza. El domingo entonces era el verdadero día, el de la prueba de fuego, el que se encargaría de dilucidar todas estas interrogantes.

Quique Neira saludó al sol que, otra vez, amenazaba con oficiarlas del villano de turno,con un set cargado a las buenas vibras, denunciando las persecuciones políticas de todo tipo y llamando a la paz y al entendimiento. La receta del nacional es conocida, pero eso no resta la efectividad sobre el escenario, con una sólida banda y canciones fáciles de recordar.

El gran garrón de Lollapalooza en los escenarios principales fue el engorroso atraso del que fue víctima Mala Rodríguez, que salió a escena media hora después de lo presupuestado. Cuando todos pensábamos que el tiempo sobre el escenario se recuperaría (la sevillana tenía 60 minutos en un principio), vimos que la artista (que lucía una tenida simplemente infartante) tocó el remanente de su timing, algo que claramente la molestó, pero en vez de quedarse berreando por ello (la culpa no es endosable a ella), aprovechó con bombardear sin parar canción tras canción, transfiriendo sensualidad que Rodríguez sabe ocupar como nadie y que cae como un ineludible aroma sobre el gentío. De lo poco, bueno.

El día anterior algo había augurado, pero lo del domingo en el Tech Stage fue de locos. La presentación de The Ganjas tenía un contingente considerable de asistentes, y no fue algo casual. El cuarteto debe ser de lo mejor que hay en Chile en materia de rock hoy en día. Con un directo impecable, la semi penumbra de La Cúpula otorgó un ambiente más que propicio para que Sam Maquieira y los suyos destilaran riffs asesinos, incrustados en unos jams infernales que demolieron oídos y que sin duda habrán sorprendido a los que nunca los habían visto en vivo. The Ganjas están ad portas de lanzar su nuevo elepé, y se nota todo el vigor y entusiasmo que despierta una nueva obra, a tal nivel que no hubiera extrañado que les hubieran concedido un lugar en alguna de las tarimas principales (cosa que no ocurrió en esta ocasión).

En el Claro Stage la historia se hacía presente con Todos Tus Muertos, banda insigne en la escena sudamericana, ponía todas sus credenciales sobre la mesa en un show refrescante que cumplió su labor a carta cabal (olvidarse por algunos instantes del sol que ya asaba). Y la energía no se detuvo ahí, pues al rato después fuimos testigos privilegiados del debut en Chile de 311.

Por supuesto, los detractores echaban mano de que los de Nebraska desde mediados de los noventas que no son gravitantes en el dial nacional (como si tal cosa fuera un privilegio), pero esgrimir eso es de una flojera obvia que no le hace justicia al quinteto, una de las bandas más grandes de Norteamericana y cuya actividad discográfica no ha sufrido mayores modificaciones ni interrupciones en dos décadas. Y para barrer con todo prejuicio, empezaron con ‘Down’, lo que desencadenó una seguidilla de clásicos que el respetable vitoreó, saltó y gritó a rabiar, en lo que fue uno de los puntos más altos de todo el Festival. La adhesión mostrada por la gente fue agradecida por la banda, cuyo vocalista Nick Hexum lució la camiseta de fútbol del combinado nacional cuyo número era, obvio, el 311. Fue un concierto redondo, pues la entrega desde la cancha fue retribuida desde el proscenio con una magistral ejecución musical, en la que cada integrante se lucía. Echando por tierra cualquier hálito de nostalgia, lo de los norteamericanos bien pudo ser el inicio de un lindo idilio con nuestro país.

El Teatro La Cúpula ya había dado muestras de problemas en la asistencia, y el domingo simplemente el asunto no hizo más que estallar. Y era todo previsible, pues Devendra Banhart era un número esperado desde hace un par de temporadas y eso provocó que el recinto se rebalsara y que la policía tuviera que intervenir y que la continuación del Tech Stage se transformara en una completa incertidumbre, que pudo superarse al rato y la actividad pudo seguir, aunque ya con un tiempo totalmente fuera de lo programado. Se puede hacer hincapié en este episodio pues era algo qu se veía venir, y haber instalado una carpa en las áreas verdes cercanas a Av. Rondizzoni, que tendría eventualmente mayor capacidad que la Cúpula, habría sido una decisión más que atinada.

El gran zarpazo nacional lo protagonizó Chico Trujillo. La verdad es que hace rato que la banda de El Macha ha demostrado tener la talla de pararse en cualquier parte del mundo y dejar la grande. Sus constantes periplos por el viejo mundo los han curtido una enormidad y han enriquecido de manera considerable su paleta de influencias. Todo eso se vió en la elipse, una banda que sería capaz de arrancar pogos hasta en Dinamarca y que a nadie dejó indiferente. Prueba fehaciente de ello es que fueron invitados a hacer de las suyas al Grant Park de Chicago, el próximo mes de agosto, a la versión gringa de Lollapalooza.

Era sabido por algunos el nivel de fanfarria y jolgorio que encierran las presentaciones de The Flaming Lips. Empero, una cosa es ver los videos de you tube y otra muy distinta es estar ahí, donde las papas queman, y el público tuvo absolutamente claro cuál de las dos situaciones prefería. La banda de Wayne Coyne desplegó sólo ocho canciones, pero bastó que empezaran con ‘The Fear’ para tener al público en el bolsillo. Si pudiéramos graficarlo de una manera, el show es como el cumpleaños soñado de cualquier niño, salvo que acá los festejados éramos nosotros, que recibíamos los globos y confeti como si fuera la primera vez que viéramos algo así, con un asombro total y sincero. Eso lo vieron los norteamericanos, que se veían radiantes por estar por primera vez en nuestro país y en Lollapalooza (a pesar de haber estado en otras dos ocasiones). De las presentaciones que más alto impacto causaron en los asistentes.

Extenderse en la decepción que fue lo de 30 Seconds To Mars está de más, porque tal estado sólo fue visto por unos pocos, ya que el grueso del público que estaba frente al Coca Cola Zero Stage eran abiertamente fanáticos de la banda y que perdonaron todos los yerros de su vocalista Jared Letto, que disfrazaba sus evidentes escuálidas dotes vocales incitando a la participación del público, que obedecía de buena gana y que en algo salvó la presentación de un seguro fracaso.

Para que esto fuera un Lollapalooza en toda regla, no debía estar ausente del cartel Jane’s Addiction. Perry Farrel, como buen anfitrión, se deshizo en loas para Chile en todo momento. Y si bien es cierto que su voz ya no es la de antaño, ocupa su enorme carisma y magnetismo, apeándose en el enorme talento de los tres mosqueteros que lo resguardan: tremendo Dave Navarro en la guitarra y Stephen Perkins dando clases de percusión. A pesar de que el setlist se antojó algo desordenado, el sonido fue aplastante, existió una muy jugada puesta en escena lo que fue sin duda una deuda que se pagó al fin.

El cierre de la primera versión del Lollapalooza en nuestro país estuvo a cargo de Kanye West, que no vino con toda la espectacularidad escénica, pero se pegó un concierto que nos dió a entender que su sola presencia bastaba. No escatimó hits, una personalidad que barre con todo. West arma un mundo sobre el escenario donde lo único importante es él. Y los asistentes lo afirman siguiendo sin chistar cada movimiento, cada sílaba, cada nota de música. El rapero puede no ser del gusto de todo el mundo, e incluso puede que su actitud provoque resquemores, pero su calidad está fuera de discusión. Un headliner de verdad se encargó de cerrar el boliche este fin de semana. Sólo queda esperar lo que diga el 2012, aunque todo apunta a que la respuesta será afirmativa

Fotografía de Javier Valenzuela para Rocknvivo

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