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Lollapalooza Chile, día 1 – Parque O’Higgins (02.04.2011)

Por Jean (Perrojo) Parraguez | 04-04-11
Lollapalooza Chile 2011

Hasta que llegó la hora. Después de días y meses interminables en que parecía que la fecha nunca se acercaba, de golpe y porrazo nos vimos envueltos en lo que fue el primer Lollapalooza fuera de las tierras del Tío Sam, un fin de semana que había que vivir y disfrutar y así se hizo sentir en las dos jornadas que adornaron el Parque O’Higgins de Santiago, con varios escenarios, innumerables artistas y un cuanto hay.

Sábado 2 de abril.

La jornada inaugural tenía como arranque sólo números nacionales, y en el Tech Stage los encargados de abrir los fuegos, algo pasado del mediodía, fueron Devil Presley. Recordemos que su inclusión en el line up oficial fue gracias a que ganaron un concurso propiciado por el sitio Rockaxis, y verlos el sábado, en una Cúpula casi en familia al principio, pero que al transcurrir el set se fue llenando, sólo refrenda que se ganaron a pulso la presencia. Guitarras sin sutilezas, lo de Rod Presley y los suyos es directo al grano, crudo y ruidoso. Como para sacurdir la modorra de los que aún no estaban tan despiertos a esa hora.

Los Bunkers originaron la tanda en el Claro Stage, uno de los dos escenarios principales. No los vamos a descubrir ahora, sus credenciales hablan por si solos, y el público lo entiende de esa forma con una adhesión que los encumbra un peldaño más allá de sus similares en Chile. No por nada, fueron invitados a Coachella, en un par de semanas más. Y además invitaron a Manuel García a interpretar ‘Llueve sobre la ciudad’ y ‘La era está pariendo un corazón’; esta última extraída de su placa “Música Libre”.

Rafael Pérez, nombre civil de Dj Raff, no tocaba en su tierra desde hace más de un año, de modo que el reencuentro adquirió una mayor connotación, y la evolución del nacional se notó en sus más de cuarenta minutos sobre el escenario. De reconocido prontuario hiphopero, Raff ha sabido abrazar otras corrientes e inquitudes que plasma en sus discos, si hasta presentó canciones nuevas que estarán dentro de su nueva obra, próxima a estrenarse.

El hombre de las perillas fue el tercer número que se apropió del Movistar Arena, el llamado LG Stage que, a pesar de no llenar su aforo total, despertaba el entusiasmo total de los pocos valientes que bajaban a la cancha, ignorando que afuera, en la elipse estaba desplegando sus encantos un nombre que sólo huele a leyenda: Steel Pulse, reconocida como la banda pionera del movimiento reggae en las islas británicas. Y echando mano a ese cartel fue que se dieron maña de arrancar aplausos, baile y buena onda a raudales.

La temperatura golpeaba sin clemencia, en todos los lugares, aunque el sol no entrara en ellos, bien lo pueden decir lo que se asaban en la Cúpula que, tras la actuación de Dënver, fue una verdadera suerte encontrar alguna chance de ingresar, algo que lamentablemente se repetiría el domingo. Materia logística a considerar en una próxima edición.

El calor se convertía en el invitado de piedra, pero eso no amainó el entusiasmo, todo lo contrario; por eso se explica el numeroso contingente que se agrupó para ser partícipes del show de Cypress Hill. Si, ya no acaparan el protagonismo de antaño. Si, hace bastante que no sacaban un disco nuevo de estudio (“Rise Up”, del 2010, llegó luego de seis años). Pero encuentren a quien haga lo que B-Real y Sen Dog realizaron sobre el escenario. Himnos incombustibles como ‘Dr. Greenthumb’, ‘Tequila Sunrise’ o ‘Insane In The Brain’, fueron instantáneas bombas que encontraron terreno fértil en la gente que se agolpaba en el escenario. Además, con un percusionista como Eric Bobo, el saldo sólo puede ser positivo.

Joachim Garraud adelantó su horario de salida en el LG Stage, según expresa petición de Perry Farrel, organizador y dueño de la fiesta. Un cambio del que pocos acusaron recibo, pues James se subían al Claro Stage. Fue una actuación cargada de opiniones divididas, pues los mancunianos están bastante remotos de los índices de resonancia masiva que gozaban en la década de los ’90, y que su única participación en un Lollapalooza (en 1997), los había sumergido en la indecisión de venir a sudamérica o no. Por supuesto, la perspectiva de visitar sudamérica eso fue el aliciente para que la banda comandada por Tim Booth hiciera su primer concierto en nuestro país. No escatimaron ninguna canción que les dió reconocimiento, y desfilaron ‘Say something’, ‘Sometimes’ y ‘Laid’, esta última con una invasión de público que tradujo la sorpresa y la alegría de los británicos por estar en el sur del mundo. A tal punto, que prometieron volver.

Ben Harper podía ser una incógnita para el grueso del público, pero a golpe de un talento innegable acalló todo atisbo de incertidumbre. El oriundo de California es todo blues y soul, un genio tocando guitarra y una banda soporte que lo permite hacer todos esos viajes por las seis cuerdas. Un soundtrack más que apropiado para el atardecer que, aún caluroso, ya se colaba por el recinto santiaguino. Un punto sorprendente y que dejó un buen sabor de boca. Conmovedor y enorme.

Uno de los nombres que mayor curiosidad y atención suscitaban en el line up del evento eran The National. Premunido de un arsenal de excelentes críticas que medios especializados han brindado a “High Violet” (4AD, 2010), y una incipiente corte de seguidores que acarrean desde “Boxer” (Beggars Banquet Records, 2010), los de Cincinatti no defraudaron ni un ápice. Un sonido más que sólido, un set list administrado con sapiencia y un vocalista (Matt Berninger) que no hace mucho sobre el escenario, pero ostenta un magnetismo que lo hace de igual forma el centro de atención.

Uno de las principales atracciones del Festival Lollapalooza apareció puntualmente a las 19:30 horas. Deftones no venía a saldar ninguan deuda, no era su debut en nuestro país, pero fue posiblemente el concierto que llevó más público en la jornada inaugural. Venían con un nuevo disco bajo el brazo, un nuevo integrante, ingredientes necesarios para arrancar enormes vítores desde el público, que no sintió en ningún momento la ausencia completa de canciones de “Saturday Night Wrist” (Maverick, 2006). Un Chino Moreno radiante, con una voz a punto (increíble la interpretación de ‘Passenger’) y visiblemente emocionado al frente de una banda que hace rato tiene cartel de clásico y que se despachó una presentación que estuvo de todas maneras a la altura de lo que se esperaba.

El nombre propietario del título de “headliner” del primer día en Lollapalooza eran The Killers, cuyo “concierto ensayo” del día jueves en el Teatro La Cúpula fue un tanto floja, y se esperaba que la noche del sábado salieran a arrasar. Sin embargo, a pesar de contar con un setlist altamente efectivo y ganador, fue nuevamente en lo concerniente al sonido donde el cuarteto de Las Vegas volvió a ofrecer las mismas fallas. Nadie niega el carisma de Brandon Flowers (que cubre de sobremanera sus falencias vocales), pero lo de la banda lindó con lo vergonzoso, aunque aún pueden subsanarlo con su batería de canciones que hicieron ignorar a la mayoría de los presentes esos desperfectos. Una verdadera lástima. A la misma hora, pero en el LG Stage, Fatboy Slim dejaba la grande con una fiesta contundente y demoledora a decir basta, acto que congregó a cerca de diez mil personas, lo que llega a conjeturar que de haber estado el británico en la elipse, el cierre habría tenido otro cariz.

La primera jornada del Festival Lollapalooza fue altamente auspiciosa, dejando la cortina abierta para que el siguiente día fuera aún más increíble.

Fotografía por Camila Donoso.

http://www.youtube.com/watch?v=hAxiPFE6pqM
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