Estás viendo: La Gran Celebración de Kiss (03.04.2009)

192

La Gran Celebración de Kiss (03.04.2009)

Por Jean (Perrojo) Parraguez | 08-04-09

KISS @ Pepsi Fest | Foto : equistene
El acto final para el Pepsi Fest prometía desde su anuncio. Kiss venía a dar comienzo a su tour mundial por sus 35 años de carrera (que, siendo estrictos, son 37), y la fanaticada chilena no podía fallar. A pesar de que se quiso suspender el concierto (cosa que nunca se pudo concretar, para desgracia del Sr.Gajardo), los chicos (ya no tan chicos) comandados por Gene Simmons y Paul Stanley salieron al escenario del Estadio Bicentenario de La Florida a matar. Y no defraudaron.

El Estadio tenía un marco considerable de público (cercana a las 20 mil almas). El Kiss Army chileno no decepcionó ni en presencia ni en entusiasmo. Había de todo: adolescentes, señores con sus años encima, músicos, familias enteras (con niños de no más decinco años que disfrutaron toda la velada), y por supuesto, muchas caras pintadas como los héroes de nueva york, ansiosas de rock and roll.

Poco después de las nueve de la noche se corre el telón negro con las letras K-I-S-S plateadas, ingresa la banda y nuestros rostros se calientan cuando «Deuce» hace fuego desde el escenario. Y de ahí el espectáculo no se detiene. 20 canciones, entre las que incluyen «Black Diamond», «She», «Lick It Up», «10.000 Years», «Strutter», «Hotter Than Hell», «Detroit Rock City», «I Was Made For LovingYou», la mayoría sacadas del disco «Alive!» (1975), tal como lo comentó en más de alguna ocasión Stanley.

El escenario parecía un destacamento listo para fusilar a toda la gente con su cerro de parlantes que de seguro se escuchó hasta en la municipalidad de La Florida. Pantallas que acercaban más al grupo, el fondo del escenario adornado con las letras de la banda que se encendían a momentos. Y por supuesto, estaban ellos. Paul Stanley es un frontman de aquellos, si fuera un predicador todos nos convertiríamos de inmediato a su religión. Se conoce todos los clichés del artista al callo (eso de llenar de loas al público, sorprenderse con la recepción y manifestar su alegría de estar en Santiagou, etc.). Condujo al respetable como si de una marioneta se tratara, pidiendo aplausos, organizando batallas entre los costados del recinto para ver si gritaban más fuerte los del lado izquierdo o derecho. Ocupó al público también para promocionar su gira en la página de KISS, arengando a sus fanáticos a que les escriban y ellos van donde sea que los llamen. Trató de improvisar, además, a modo de broma, una versión de «Stairway To Heaven», notable. También fue parte del acto circense, en la canción «Love Gun» voló sobre el público, se estacionó al centro de la cancha, y desde ahí interpretó el tema.

El baterista Eric Singer también demostró que no está en Kiss de comparsa, y lo confirmó con un solo de largos minutos, donde usaba su batería como platillo volador que se levantó por sobre el escenario, provocando el delirio. También dió muestras de que en la voz es un buen reemplazo de Peter Criss (en «Nothin’ To Lose»). No estaba Ace Frehley, pero Tommy Thayer hizo que nos olvidáramos del primero. En el escenario no presenta tanto carisma como los líderes, pero lo que no dice con el micrófono lo grita desde sus seis cuerdas. Al punto de que puede sacar bengala desde su propio instrumento y encender el escenario durante su pronunciamiento.

Y finalmente nos estacionamos en el bajista. El gran Gene Simmons es un espectáculo aparte. El Kiss más identificable en todo el planeta llegó provocador con el público, pidiendo aplausos, y exhibiendo que su voz goza de una excelente salud, escupió fuego y durante su intervención, hizo el número que muchos esperaban: escupir «sangre» y luego elevarse sobre el escenario para posarse sobre la parrilla de luces, donde había una plataforma y un atril que lo aguardaba listo para lanzarse con «Shout It Out Loud».

El grupo no escatimó en recursos para sorprender y «fidelizar» al público. Los fuegos artificiales salían de tanto en tanto con una explosión impresionante de sonido para impactar al más serio. En «Rock & Roll All Nite» (uno de los puntos más altos en toda la noche), hubo una explosión de papel picado, como si estuviera saliendo a la cancha tu equipo favorito y para alentarlo debes tirar todo el repertorio, salvo que esta vez el equipo éramos nosotros, y nuestra barra era Kiss, que con sus papeles nos alentaban a que siguiéramos celebrando, que siguiéramos en un festejo que nadie quería abandonar. Y también en la última canción de la noche, «Detroit Rock City», la batería de Singer se adueño del escenario en un remolino pirotécnico que despidió el show como los grandes, para hacernos recordar que el viejo rock & roll sigue siendo un bien preciado por las masas.

Kiss siempre han sostenido que ellos inventaron el concepto de circo dentro del rock ‘n’ roll. Algunos podrían estar en desacuerdo con ellos, y citar a los Rolling Stones circa 1969 cuando hicieron el «Rock And Roll Circus», pero la visión de los norteamericanos fue más allá y desde su formación hasta el día de hoy no han claudicado en su propuesta: Música poderosa, con total preponderancia de las guitarras y un espectáculo visual que combina con una buena cuota de pirotecnia y acrobacia, todo con un solo objetivo: dejar al Kiss Army extasiado, sorprendido, y con ganas de volver a verlos. Y eso es exactamente lo que ha ocurrido en estos 35 (37) años.

Compartir en WhatsApp