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Amigos Invisibles, Kool & The Gang, Jamiroquai – Movistar Arena (17.02.2013)

Por Jean (Perrojo) Parraguez | 25-02-13
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El riesgo, aunque no mayor, si revestía de interés y de un morbo que se fue acrecentando según los días se acercaban, pero la verdad sea dicha: Color Night Lights, a pesar de que el cambio de recinto era algo muy previsible –es verano, la dotación de habitantes cambia en la capital-, fue un éxito total en toda regla.

Todos los antecedentes auguraban una fiesta a recordar, y también un dejo de venganza: Jamiroquai debía resarcirse de los desastres en sonido que tuvo su visita el año 2011, pero además encabezar de buena manera un evento que tenía a su haber sendos números de apertura, a cargo de Los Amigos Invisibles y los icónicos Kool & the Gang.

Como pocos encuentros pueden jactarse, todo el día estuvo en conjunción con el reloj: los actos que pisaron el escenario del Movistar Arena salieron a la hora que establecían los horarios entregados con antelación, lo que se transforma de manera innegable en un punto para la producción a cargo, demostrando seriedad y capacidad para estas lides.

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En cuanto al show mismo, Los Amigos Invisibles inauguraron los platos fuertes. Con una puntualidad inglesa, el combo venezolano subió al escenario y en una hora montaron un set de canciones que no esquivó joyas antiguas –‘Ultrafunk’, ‘Mentiras’, ‘Viviré Para tí’, ‘Ponerte en Cuatro’-, pero que también dió rienda suelta a sus nuevas creaciones –‘Hopeless Romance’-. Un alcance, al conjunto le jugó en contra un volumen muy bajo que minimizó considerablemente los aires fiesteros que se le endilgan –con total justicia- a sus presentaciones. Una pena, ya que era una gran iniciativa tenerlos en un escenario grande, en un ambiente que pudo ser ideal.

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Lo que se vivió en una vereda totalmente opuesta fue lo de Kool & The Gang. Las cerca de cinco décadas de actividad han dotado a los muchachos de New Jersey de un sentido de show inigualable. Siempre invitando al público, de la mano de coreografías, haciéndote participativo, con solos de baterías o de saxo –tremendo el trabajo de Ronald Bell-. Por si fuera poco, sonaron increíble, puro oficio y de puntadas en el momento exacto. Y por si todo lo anterior no fuera suficiente, contaban con canciones: ‘Open Sesame’, ‘Too Hot’, ‘Ladie’s Night’, ‘Jungle Boogie’ y un final de ensueño con ‘Celebration’, donde el recinto entero bailó, gozó y ovacionó a los estadounidenses. Si la jornada hubiera terminado en ese instante, todos nos habríamos ido felices a nuestras casas.

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La presentación de Jamiroquai cargaba con mucha curiosidad, producido por la pobreza de sonido que tuvo su visita del 2011. Además, existían otros datos que podrían augurar un concierto para enmarcarlo dentro del recuento de fin de año: los 20 años de “Emergency On Planet Earth”, y también los anuncios de algunos de sus integrantes, que aseguraban que el setlist en Chile sería muy distinto al que venía mostrando en otros rincones del orbe.

Siendo objetivos, el sonido –a pesar de algunos acoples que tuvieron pronta solución- estuvo impecable, con poder y un groove que sólo una banda que lleva mucho tiempo tocando junta puede ofrecer. Jay Kay estuvo a años luz del cascarrabias del 2011. Alegre, animado y en constante comunión con el público, finalmente vimos al frontman que esperábamos, dominando la situación y conmoviéndose con la gente cuando le mostraban su total devoción.

En cuanto a las canciones, se vió una mezquindad. Por supuesto que éxitos como ‘Alright’, ‘Cosmic Girl’, ‘Space Cowboy’ y ‘Canned Heat’ aparecieron y formaron uno de los puntos altos de la actuación, pero al mismo tiempo hay cosas que refutar: ¿de verdad era necesario que ‘Love Foolosophy’ sonara dos veces, más allá de las distintas versiones que se interpretaron?, y el número de canciones que dejaron fueras es alto: ‘Too Young to Die’, ‘Virtual Insanity’, ‘When You Gonna Learn?’, ‘Seven Days in Sunny June’, ‘Supersonic’. La gran fiesta se vio levemente empañada por la prudencia personificada en catorce tracks.

Colors Night Lights fue una gran jornada. Se comprobó –como si hiciera falta- el arraigo profundo de la música negra en el público nacional. El Movistar Arena estaba lleno, y aunque  los reparos siempre son pertinentes, no hay que perder lo esencial: esto fue una fiesta, y se vivió como tal.

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