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The Suicide Bitches – The Farm of the Suicide Bitches in Heaven (Armatoste, 2012)

Por Jean (Perrojo) Parraguez | 24-04-12
Artista : The Suicide Bitches
Disco : The Farm of the Suicide Bitches in Heaven
Año : 2012
Sello : Armatoste

Mucha gente se queja de la aparente falta de innovación que presentan hoy en día las bandas que hacen sus primeras armas en la música. Amparados en la desidia o en la carencia de ideas, exprimen todo el jugo de sus influencias hasta que lo poco que tienen que decir se esfuma en un abrir y cerrar de ojos en melodías originadas muchos años atrás.

Por supuesto, esa es una visión de las cosas. En un mundo donde la dualidad no es apreciado en su plenitud, todo tiene su símil y opuesto –“como es arriba, es abajo”-, y en la anterior descripción musical es acertado conjeturar que, si bien unos fracasan estrepitosamente en hablar desde el pasado, otros sortean el desafío con el temple de avezados veteranos.

The Suicide Bitches parecen calzar justamente en esa última descripción. Luego de años puliendo su experticia a punta de ensayos y tocatas, el quinteto nacional escogió este 2012 para debutar formalmente con un largaduración titulado “The Farm of the Suicide Bitches in Heaven”, un poderoso compendio de once canciones que –aunque suene a lugar común- sudan rock & roll en tonificantes dosis que en ningún momento empalagan.

La desafiante ‘Raskolnikov’ –track que abre el opus-, nos presenta de inmediato a un grupo seguro de si mismo, con tempos al borde de la demencia, como ocurre en ‘Kill the Yumans’ una cruza entre los Nirvana más primales y los Pixies más insanos, y con acercamientos al blues con reminiscencias a Jon Spencer en ‘Rencilla’. Hasta pequeños guiños a glorias como Dinosaur Jr podemos encontrar.

Riffs punzantes surcan en todo el elepé. ‘Cold Woman’ y ‘Chinasky’ parecen haber aprendido con suficiencia las mejores clases de MC5. ‘The Farm’ y ‘Save Me’ confirman a un combo que sabe sacarle carraspera a sus guitarras, sonando sucio y fuerte, pero en ningún caso desprolijo, ya que la producción –realizada por ellos mismos- está impecable. No les quita identidad –ni siquiera el hecho de cantar en inglés-, por eso las canciones se oyen tan naturales, sin ningún dejo de algo forzado. Doble golazo.

Es cierto que con su primer elepé The Suicide Bitches no inauguran un inédito pasadizo ni descubren territorios vírgenes. Pero sus fuertes golpes guitarreros destilan sapiencia y sentencian que a veces no es relevante ni augura posteridad ser el primero en algo. A veces olvidamos que es mucho más entretenido caminar la calle que ponerle el nombre.

Descárgalo de manera gratuita aquí.

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