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The Smashing Pumpkins – Meloncollie And The Infinite Sadness (1995)

Por Jean (Perrojo) Parraguez | 16-10-06

Equistene tiene una frase para definir este opus: «es el mejor disco doble de los 90». Concuerdo ciegamente. Admiración total. Asombro y agradecimiento. Son muchas las palabras y adjetivos que sirven para caracterizar este hermoso trabajo que amalgama todos los estilos que cultivó la banda a lo largo de toda su carrera.

Son dos discos, 28 temas, de modo que no hablaré mucho de cosas externas, vamos al cocido de inmediato. El disco 1 tiene por nombre «Dawn to Dusk», y abre con la canción que tiene el mismo nombre del álbum. Es un instrumental de alrededor de 3 minutos, que sólo tiene como ejecutante al gran Billy Corgan en el piano. Melodía cristalina, directa para soñar. «Tonight, tonight» sigue el surco, y es el primer temón de un disco lleno de temones. Corgan aquí me enseñó a amar sus letras, francamente conmovedor, se nota que el tipo se encontraba inspirado. «Jellybelly» devuelve la furia y distorsión de guitarras, y pone en evidencia lo genial que es Jimmy Chamberlain en las baquetas.

Las guitarras pesadas pero no tan demoledoras esta vez, perduran en uno de mis temas favoritos, «Zero», al igual que esas poleras que se conviertieron en moda a mitad de los 90. La temática sigue: primera parte de guitarras fuertes, pero ya no con tanta furia termina con «Here is no why», que pasa piola, salvo por un solo espectacular y que abre un nuevo apetito casi al final del track. La primera parte de guitarras fuertes se cierra con otra obra monumental: «Bullet with butterfly wings», que las ofició de primer single. Una letra desgarradoramente furiosa, que te deja la piel de gallina. Billy es un genio. La melancolía vuelve pesada en «To forgive», un triste relato bastante autobiográfico (recuerden que el señor Corgan es huérfano), en el que se detallan las penurias vividas por un niño, como el engaño, la soledad y el olvido. Después de este paseo tristón, vuelve la furia, el guitarreo, el tarreo enloquecedor de Chamberlain y la voz llena de odio de Corgan en «Fuck you (an ode to no one)». Para graficarlo, es el tema del despecho, pero llevado con maestría por la pluma ingeniosa del calvo guitarrista. Es que está plasmado todo el enojo y rencor que uno puede sentir tras una ruptura amorosa, o lisa y llanamente tras ser pateado.

Para hacer la ironía completa, el siguiente track se llama «Love», y es como una mezcla entre amor y pérdida, temática más que recurrente en todas las letras del Pumpkin mayor. Lo que parece rescatable, es que los efectos de guitarra dan una pista, o se acercan bastante a lo que serían los discos «Machina», que cerrarían la etapa de la banda. Otra canción de amor es «Cupid de locke», que te hace sentir como en un sueño con esa arpa que suena al fondo durante todo el tema. Hermosísima canción, lo que más rescato es la enorme capacidad de imaginación que ostenta Billy Corgan. Sé que sonará quizás hasta como opinión de gruppie, pero la verdad es que el tipo es un gran compositor, y no sólo en este disco, sino que en toda su carrera, ya sea en los Pumpkins, como en Zwan o su aventura solista («The future embrace»).

Temas malos en este disco?, sería difícil para cualquiera. Por mi parte, yo no encontré ninguno. Una dulce imploración, una bella invitación pero con el miedo apuntando cerca es el fondo de «Galapogos». Se la cantaré a mi novia…cuando tenga una. «Muzzle» saca a flote todo el ritmo y la onda alternativa que poseía la banda. Diría que es hasta juguetón a pesar de todo lo serio que parece. No tendría que envidiarle nada a cualquier canción de Pixies, incluso mejor porque la letra la lleva, y en mala. En más de 9 minutos The Smashing Pumpkins sacan todo su universo sonoro y de magia en «Porcelina of the vast oceans». La calma propia de los temas tristes, la explosión guitarrera que aparece sin avisar (a pesar de ser muy guitarrero todo, se nota que el que lleva la batuta es Jimmy Chamberlain), ojo con la guitarra del último tercio. El primer disco termina con «Take me down», que la comanda don James Iha. Su tímida voz decora una sentida canción que seguramente estaba dedicada a D’arcy, la bajista, que por entonces era su novia.

La segunda patita, o sea el disco «Twilight to starlight» arranca con la genial y demoledora «Where boys fear to tread», uno de mis temas favoritos ya que su intro es muy oreja. Así, sin previo aviso, nos pasamos al segundo track, que es «Bodies». Una vez más la eterna queja de nuestro líder frente al amor, creo que no ha tenido suerte el señor Corgan, porque afirmar que el amor es suicida a grito pelado es fuerte para cualquiera. Creo que el álbum está elaborado así: dos temas fuertes, dos suaves. Ya pasaron los dos fuertes, así que ahora es el turno del lado amable del cuarteto. Y éste es otro clasicazo: «Thirty three» quizás sea la más hermosa, esperanzadora canción de amor que Corgan haya escrito jamás. Absolutamente lo contrario es «In the arms of sleep», sólo tristeza adorna completamente la canción. De hecho, hasta se puede escuchar algo de dolor en la voz de Billy.

«1979», quinto track es «la» canción de The Smashing Pumpkins, reconocible hasta en la China. De modo que no me pondré a explicar de qué se trata. Como ya deben imaginar, la siguiente canción es movida, diría que más que movida, llega a ser violenta. «Tales of a scorched earth» llega a doler, con un Corgan que se le sale el alma por la boca, Chamberlain y su azote asesino; Iha y D’arcy fieles escuderos al paisaje ácido que dibuja el batero, que nuevamente se lleva los bonos. Marca los tiempos, lleva al grupo a límites extremos. No es el alma de la fiesta pero si es parte fundamental. Y eso Corgan lo sabe, no por nada lo hizo volver a los últimos discos tras su alejamiento, y no por nada se lo llevó a Zwan, ese grupo mirado en menos pero que era una joya.

Épico es el adjetivo que le cae a «Thru the eyes of rubi», de hecho casi ni cantan. Son casi 8 minutos que se hacen muy largos, diríamos que es como la pifia, pero que no es pifia, es como la canción menos buena del disco. De nuevo la calma para un tema que pudo ser grande, pero que la letra lo impidió: «Stumbleine». Netamente acústico, así como grabado solamente por Corgan, es acogedor, pero déjenlo ahí no más. no traten de explorar la letra..por lo menos a mi no me gustó. Pudo ser mucho mejor, tratándose de una letra de Billy Corgan pudo haber rendido mucho mejor.

En progresión comienza «X.y.u.», canción que relata como una mujer está loca, que dejó todo, perdió a su bebé, pero a pesar de eso no podía huir; y Corgan aparece como una especie de «superhéroe», a su manera por cierto, le explica lo que puede hacer y le detalla todos sus defectos como hombre. Una ironía total. Al final se da cuenta que no se puede hacer nada, un tipo como él jamás estaría con ella. Fin de la historia, y con ese fin está la banda dibujando nuevamente tensas atmósferas, deformando todo para ponerlo a su lugar nuevamente, pero solo por un momento, ya que vuelve la locura. Debo decirlo, nuevamente todo es gracias a Jimmy Chamberlain (aunque ese solo al final del tema es caótico), él marca la progresión de la banda. La detiene para volverla a llenar de energía. Notable.

«We only come out at night» musicalmente hablando es el tema más flojo en el Meloncollie… absolutamente prescindible, salvo por un detalle: su letra. «Beautiful» da algunas pistas del rumbo más inclinado a la electrónica que tomaría la banda años después (con la edición en 1998 de «Adore»), es una canción que demuestra redención y agradecimiento total para la persona que amas, así se puede definir. Cualquiera que no conociese la historia detrás de «Lily (my one and only)» juraría de patas que está dedicado a una mujer. Nada de eso, el nombre de esa canción es de una gata de Billy Corgan. Hermoso gesto para una hermosa canción, con ese piano encantador, regalo del vocalista. Otro tema triste, para variar. Otra letra bellísima, para variar. Ésa es «By starlight», que se suma a esa calma que comienza a adornar el final del disco. Y llegamos al final, con los 4 integrantes participando en las voces de «Farewell and goodnight», una tonada maravillosa que cierra un disco maravilloso. Que a más de 10 años de su lanzamiento aún deja marcando ocupado. Un disco doble que está en la altura de los grandes (entiéndase «Physical graffiti» de Zeppelin, el álbum blanco de los melenudos de Liverpool, o «The wall» de los floydianos). Un disco redondo que ayudó a estos chicos a desmarcarse de la etiqueta de grupo alternativo, y les permitió salir a la palestra como un grupo de rock. Y de los mejores que hayan existido.

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1979
Tonight Tonight
Zero
Bullet with butterfly wings

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