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Death Cab for Cutie – Kintsugi (2015)

Por Juan José Vásquez | 06-04-15
Artista : Death Cab for Cutie
Disco : Kintsugi
Año : 2015
Sello : Atlantic

Luego de 4 años desde su última producción y la partida del compositor y guitarrista Chris Walla, la agrupación liderada por Benjamin Gibbard presenta Kintsugi, un disco inspirado por un divorcio tanto amoroso como profesional que dejará heridas permitiendo una evolución que ya se había hecho presente en 2011.

Kintsugi se refiere al arte japonés de arreglar grietas en la cerámica con resina junto a polvo de oro o plata, destacando su caracter de dañado como si se tratase de una herida de guerra que demuestra el paso del tiempo y que las vivencias solamente pueden formar cicatrices que deben ser vistas por el resto en vez de ser escondidas bajo una capa de música estática. Tal es el caso de No Room in Frame, un corte que da comienzo a la placa con un sonido mucho más fresco y delicado, dándole paso al single Black Sun que cuenta con una intro instrumental para presentar la voz de Gibbard que no se logra unir a la musicalización, un elemento atonal propio de los nativos de Seattle en conjunto a un How could some things so fair be so could? Con un sintetizador y un riff de guitarra por detrás.

La gran problemática a tratar dentro de la octava producción de estudio de Death Cab for Cutie es la disolución de aquella idea de banda, de un organismo que coopera entre sí para mantenerse vivo dentro de un ambiente de ser conocidos mas no siendo populares. El ego de Gibbard se apropia de la banda para crear canciones como Little Wanderer y You’ve Haunted me All my Life como si se tratase de sus proyectos paralelos o de lleno su carrera de solista. Caso aparte es The Ghost of Beverly Drive, un tema mucho más cargado a las guitarras y los estribillos pegajosos donde la muerte es una metáfora de un momento que desapareció y sólo la memoria del vocalista puede volver a ellos.

El cambio en el productor, la partida de Walla, el cambio de ambiente y el divorcio se ven retratado en un disco que intenta presentar cada tema como una vasija con una historia personal. La mejor explicación de lo anterior es tomar Hold No Guns, una balada con una sutil línea de guitarra acústica dándole protagonismo a la voz de Gibbard, Everything’s A Ceiling con un sonido synthpop cargado de sintetizadores y Good Help (Is so Hard to Find) mucho más cargada hacia un dance-rock de 1980.

La evolución musical es parte de aquellas historias que Gibbard captó durante el proceso creativo del disco, El Dorado presenta un sonido distanciado del sello indie-emo post 1990 que los hizo conocidos gracias al amor que Seth Cohen sentía por ellos. ¿Es justo otorgarle el beneficio de la duda a Kintsugi y su desarrollo en la instrumentalización? Posiblemente si se le considera un disco conceptual en donde cada corte interactúa individualmente como la belleza en la historia que sostiene a cada uno. No obstante es posible verlo desde una perspectiva de capricho de Gibbard tomando como ejemplo a Binary Sea, una canción que perfectamente podría encajar en un hipotético disco de The Postal Service.

Kintsugi goza de belleza desde su presentación hasta su fin y es ahí de donde se sustenta a sí mismo, como un concepto de vivencias unidas bajo el alero de heridas que merecen ser vistas por lo que son: pequeñas fracturas en una línea temporal con determinadas fechas y actores que fueron la génesis de la evolución de Death Cab for Cutie.

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