Slayer – Movistar Arena (02.06.2011)

Para graficar lo ocurrido el pasado Jueves, en el Movistar Arena, podríamos apelar a cierta relación con la parábola del hijo pródigo. Claro, Tom Araya, el líder de Slayer, no se aparecía por el terruño desde septiembre del 2006. Y, por supuesto, esto reviste de un tinte especial, porque -información conocida- el bajista es nativo de este país. Y vez que viene (vuelve), es recibido con una veneración que pocos artistas nacidos acá ostentan.
Un sentimiento que se germinaba desde las afueras del recinto, donde un grupo de chascones intentaban con ahínco poder ingresar, a pesar de que no disponían de entradas. La situación se estaba poniendo de color gris, y tuvo que intervenir carabineros para que la cosa amainara. Mientras, adentro la banda nacional Thornafire destrozaba parlantes frente a un público que sólo quería ver al cuarteto oriundo de California.
Cerca de las diez de la noche, y con un telón de fondo amenazante, comienza la descarga de energía de Slayer, repasando su última placa discográfica, titulada “World Painted Blood” (American, 2009), del cual se desprendieron cinco canciones. Una decisión sabia a todas luces, pues el grueso del set se concentró en los himnos que hicieron de Araya y compañía un nombre indeleble en el mundo del rock duro.
La alineación de Slayer traía una importante modificación. A la obligada ausencia de Jeff Hanneman por vicisitudes de salud, el encargado de reemplazarlo en las seis cuerdas fue el Exodus Gary Holt, quien ofició su tarea con una prestancia demoledora, ejecutando un buen duelo con Kerry King. En “el arco” se encontraba el enorme Dave Lombardo, quien desde su posición manejaba todos los tiempos con un registro apabullante. Y también estaba el viejo y querido Tom Araya.
Con un escueto español, el bajista mostró en todo momento una radiante sonrisa, mostrándose amable y emocionado de tocar en la tierra que lo vió nacer. El público hacía lo suyo también, gritando su nombre, haciendo patente su adhesión a la banda, demostrando que en Chile, el público del metal debe ser el más fiel de todos.
Slayer no escatimó recursos para lanzar verdaderas granadas a la numerosa multitud que llegó al Movistar Arena. Intercalaban pócimas de su última cosecha, como ‘Not Of This God’ y ‘Hate Worldwide’, con mazazos del calibre de ‘Postmortem’, ‘Raining Blood’ y ‘Angel Of Death’, que provocaron uno de los mosh más contundentes que se hayan visto en ese recinto, con aparición de bengalas incluída.
A pesar de las fallas de sonido en algunas intervenciones de Holt, que la voz de Araya se escuchara en su plenitud sólo cuando tenía que gritar, y que el concierto terminara de forma inesperada, el concierto de Slayer fue una grata experiencia. Un botón de muestra de que si se puede ser profeta en su propia tierra, porque lo que vimos el jueves pasado no fue sólo una performance de uno de los “Big Four”, sino que sobre el escenario había uno de los nuestros, un tipo de la casa, recibiendo el agradecimiento de su legión numerosa y fiel, que siempre esperó, aunque los años hayan transcurrido. El hijo pródigo tuvo su reencuentro con su familia.
Fotografía de Javier Valenzuela para Rocknvivo.
01. World painted blood
02. Hate worldwide
03. War ensemble
04. Postmortem
05. Temptation
06. Stain of mind
07. Disciple
08. Dead skin mask
09. Dittohead.
10. Americon
11. Not of this god
12. Mandatory suicide
13. Chemical warfare
14. Ghosts of war
15. Payback
16. Seasons in the abyss
17. Snuff
18. South of heaven
19. Raining blood
20. Black magic
21. Angel of death































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