
A tres años de una mediática despedida que congregó a más de 20.000 personas en la Pista Atlética del Estadio Nacional, los oriundos de Vallecas regresaron por cuarta vez a nuestro país, bajo el contexto de su reunión. A comienzos de este 2008, decidieron volver a las pistas, por lo que agendaron una serie de presentaciones en Sudamérica.
Debo reconocer que hace mucho tiempo me gustó Ska-P. Tanto lírica como musicalmente los encontraba una agrupación increíble. Los mensajes libertarios que plasmaban en alguna de sus canciones, se identificaban mucho con mi forma de pensar. Pero eso fue hace bastante. Desde comienzos de siglo, que los vallecanos tomaron un rumbo lleno de incoherencias entre el discurso que pregonaban y su actuar. Porque como dicen Los Muertos De Cristo en una canción, Pulpul y compañía se han hecho famosos, “cantando a la pobreza desde una multinacional”. A pesar de todos mis reparos, decidí asistir al show, esperanzado en presenciar un buen espectáculo y escuchar nuevamente en vivo las viejas canciones que alguna vez me representaron demasiado.
Luego de una correctísima actuación de Attaque 77, a eso de las 22:30 horas la agrupación española salió a escena. Tras una movida intro, ‘Ni Fu Ni Fa’ inició el fervor de las casi 10.000 almas que se encontraban en el recinto del Parque O’Higgins, el cual fue triplicado cuando tocaron “Niño Soldado”, uno de los hits de” Que Corra La Voz”. Precisamente, fueron las canciones de esa producción, las más coreadas. El repertorio se centró principalmente en esa placa, con clásicos como ‘Solamente Por Pensar’, ‘Mis Colegas’, ‘Welcome To Hell’, que provocaban un delirio estrepitoso en la fanaticada.
Joxemi, el más hiperquinético de la agrupación, que nunca se cansó de saltar, se adueñó de las voces para interpretar ‘Luché Contra La Ley’ de The Clash. Al igual que en la Pista Atlética, cuando cantó una tema de Kortatu, pasó desapercibido por gran parte del público. En parte por el desconocimiento de una gran parte del público y también por el sonido, ya que su voz nunca logró distinguirse claramente, lo que impidió construir una atmosfera más eufórica.
Del último disco, “Lágrimas y Gozos”, recuerdo que tocaron ‘Crimen Socilicitationis’, una abierta crítica a cómo maneja la Iglesia Católica los delitos sexuales cometidos por los curas; ‘El Imperio Caerá’, que establece una analogía el imperio romano, el español y el estadounidense; y ‘El Libertador’. Cómico resultó el momento en que Pulpul, una vez terminada esta canción, grito por “Venezuela, Bolivia, Cuba y Chile, que próximamente tendrá su sueño bolivariano”, cuando todas las encuestas indican que luego de 40 años, la derecha ganará por primera vez una elección presidencial en nuestro país. Me sorprendió la respuesta de los fanáticos, sabiéndose cada una de las estrofas del material más nuevo.
Y el viaje a la nostalgia llegó ‘Romero El Madero’, de “El Vals Del Obrero”, que emocionó a los seguidores de antaño. Al igual que los cortes del Planeta Eskoria, como el que lleva el nombre del disco, ‘Derecho de Admisión’ y ‘Tío Sam’. Canciones, que si bien no provocaron una respuesta ensordecedora como los clásicos más nuevos, fueron momentos bastante emotivos.
Cuando ya había transcurrido más de la mitad del show, invitaron al escenario a un grupo de activistas pro animales, que desplegaron un pendón en contra del rodeo. Ese fue el preámbulo para ‘Vergüenza’, un temazo que habla sobre las corridas de toros. Sin dudarlo, le pedí a un muchacho que estaba a mi lado que me levantara. Arriba de los brazos del público, coreaba el tema, y recordaba cuando era un pendejo y le creía a Ska-P todo lo que decían. Extasiado, con los brazos en alto, gritaba con todas mis fuerzas, hasta que del otro lado de la barrera que dividía a la cancha con el escenario, unas manos truncaron mi momento de diversión.
Con prepotencia y agresividad los guardias de amarillo me bajaron. Uno me apretó el brazo y lo puso en mi espalda, mientras el otro sujetó mi cabeza. Debo reconocer que por unos segundos fui ingenuo. Continuaba cantando, pensando que me volverían al público, y eso al parecer exacerbó aún más sus ánimos. Con más agresividad, aceleraron el paso, llevándome fuera del recinto. No podía creerlo, no podía concebirlo, me encontraba en un concierto de una “banda de punk” y era sacado del lugar, por hacer un simple stage.
Afuera había más personas en mi misma situación. Enrabiados e impotentes intentaban obtener alguna explicación de los gorilas vestidos de negro, que estaban parados en la entrada del Movistar Arena. Uno que se resistió, mostraba sus moretones, mientras los guardias sólo atinaban a decir “no pasó nada”. Felipe Serrano es su nombre, y vivió una situación similar a la mía, con la diferencia que al intentar escaparse, recibió varios golpes de pies y puños. En el tumulto, su banano fue abierto (no logró percatarse, hasta que estaba afuera), perdiendo su carnet y un pasaje de ida a Rancagua. Quería respuestas de unos seres prepotentes que justificaban su actuar en que el recinto era “exclusivo” y no se permitía ese comportamiento salvaje del público.
Minutos más tardes, otro muchacho era llevado por cuatro guardias. Su situación fue más compleja. Pogueando pasó a llevar a uno de éstos. A los pocos segundos, estaba tirado en el suelo, mientras recibía puntapiés y combos, los cuales no pararon hasta que fue expulsado, y extrañamente, su billetera no estaba en el bolsillo. “Mañana venga a ver si la encontramos” le dijeron. Misma explicación le dieron al rancagüino después de un rato de insistencia.
Yo, a esas alturas enojado y asqueado, sólo quería irme. A ratos, me sentía como en la canción “Derecho de Admisión”. Paradójico, no. Es que es casi inexplicable estar en un concierto de una “banda de punk” que canta contra las multinacionales, en un estadio auspiciado por una de éstas; una agrupación que crítica a las revistas sensacionalistas, en un local rodeado de grandes cárteles de TV y Novelas y Las Últimas Noticias; un grupo que promueve la resistencia, la desobediencia, que se sus canciones se opone a la represión carabineros y guardias, pero que fue incapaz de exigir respeto cuando a los pies del escenario un grupo de personas, que hace tiempo atrás creímos en sus letras y vibramos con su música, fuimos humillados por los guardias, quienes nos trataron como verdaderos delincuentes. ¿Pero qué más se podía pedir? Resulta bastante iluso llegar a pensar que los españoles iban a parar de tocar.
En mi cabeza se repetían las imágenes de las presentaciones que realizaron en el Estadio Víctor Jara, cuando la gente saltaba del tercer piso, cuando subirse arriba del público era lo menos extremo que alguien podía realizar, cuando Ska-P comenzaba abrirse paso por medios masivos de comunicación, pero sin embargo, existían personas que seguían creyendo en su discurso político. Y las comparaba con las de este concierto, dónde un grupo de muchachos terminamos siendo expulsados y golpeados por no adaptarnos al comportamiento que merece un recinto como el Movistar Arena.
Desde afuera, lograba escuchar los ritmos de algunas canciones. ‘Casposos’, ‘Juan Sin Tierra’, cóver de Víctor Jara, ‘A La Mierda’, ‘El Vals Del Obrero’ y ‘El Gato López’, entre otras, conformaron la recta final del recital. “Resistencia”, fue la última palabra gritada por los españoles y la gente que permanecía adentro del local. “Resistencia”. Una más de las tantas consignas vertidas por una agrupación incapaz de mostrar en su propio concierto una cuota de coherencia, un poco de sinceridad. La lista de incongruencias ya es enorme y lo ocurrido fue sólo un detalle más. En el escenario, indiferentes, seguían tocando revolucionarias canciones, clamando en contra del abuso de poder, mientras a sus pies, yo y otras personas más, éramos víctimas precisamente de eso.
Asquerosa experiencia personal, para cerrar un recital que no tuvo la magia de las presentaciones anteriores, pero que, sin duda, hizo vibrar al gran número de seguidores que poseen por estos lados. Pésimo el cometido de los guardias, cuyo Jefe de Seguridad se llama Eduardo Leiva. Ojalá estas palabras saquen a la luz una actitud violenta y fascista que no debería ocurrir en ningún recital. Aunque es lógico, que cualquier denuncia o reclamo será en vano, ya que como me dijo uno de estos prepotentes hombres, “Si yo digo que aquí no pasó nada, es porque así fue. Tú no tienes pruebas, por lo que nadie te creerá”.
Lamentable desenlace, que puede relacionarse muy bien con el actuar de Ska-P. Agrupación que lanza mensajes al voleo, sin un compromiso real. Y el miércoles 26 de noviembre quedó nuevamente demostrado eso. Hoy son el principal ejemplo de esa numerosas bandas que transformaron el punk rock en un mecanismo para hacer negocios . Sí, todo por el dinero. Todo por el “puto dinero.”