El As De Espadas De Tricky (22.08.2009)
Que era una visita esperada. Que era una deuda pendiente de Inglaterra con nuestro país. Que no cantó nada sobre el escenario. Que ofreció muy pocas muestras de sus discos claves, noventeros y tempraneros. Que es un malgenio insufrible. Que se pavonea sobre el escenario, mientras sus músicos son los que hacen el verdadero trabajo. Que, en instantes, se valió de los más clásicos trucos de los artistas para ganarse el respetable. Y podría seguir.
Todo eso es cierto. Palabra por palabra. Pero no es un reclamo. Nadie lo está haciendo. Es más, eso era justamente lo que la gente buscaba al entrar el Teatro Caupoicán. Un tipo distante, con una cortina de humo (en forma literal) entre él y el público, que ayudaba a alimentar su ya acostumbrada pose de perro bravo, bravucón pero misterioso al mismo tiempo, todo eso adornado por las canciones que, a pesar de vestir una evidente clave rockera, seguían cargando ese dejo de hipnotismo y trance que Tricky con sus desplazamientos sobre el escenario buscaba alimentar en las más de 3.000 personas que se apersonaron en el recinto santiaguino.
Ya sea mirando al cielo, apuntando el techo, quizás buscando algún tipo de iluminación para alguna pócima que derive en un futuro disco; o despotricando contra los micrófonos y los atriles, para que el técnico volviera una y otra vez a la tarima, el británico se llevó toda la atención, las miradas y los aplausos. No importaba que tuviera una banda de primer nivel acompañándolo, no importó que Francesca Belmont aportara con su voz para agregar nuevas texturas al show. Lo que importaba era el tipo de Bristol, cuya polera informaba sin tapujos que su portador era un arrogante. Un arrogante que no tuvo empacho en lanzarse al público y pasearse por la cancha. Esa arrogancia que escapó quién sabe dónde cuando Tricky invitó a la gente a subirse al escenario mientras Ace Of Spades reventaba los parlantes.
Con dos horas y muchas canciones, el chico malo del puerto inglés dejó en claro que no necesita una voz para mantener cautivo a su ejército de oyentes. Tampoco es necesario ser políticamente correcto sobre el escenario, ni tener buena voz. Creo que ni siquiera era menester haber dicho algo. Si tan sólo se hubiera parado inmóvil, con la mirada perdida, la gente igual hubiera quedado pasmada. Es el magnetismo que expele el inglés el que sostiene el show. Un excelente show, por lo demás.




































cuando dejó subir al escenario salté de una y estuve muy feliz, euforia al máximo.
Y todo esto porque ahora yo soy ese Arrogante …
Probablemente gusto porque en Chile si tiene rock, entonces es bueno.