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Transantiago (o qué culpa tiene Zamorano?)

Por Jean (Perrojo) Parraguez | 12-02-07

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Primer día hábil, por ende prueba de fuego total para el nuevo sistema de transporte que se utilizará en la capital. Son las 7 y media de la mañana y en televisión una periodista informa que desde la Avenida Apoquindo (a la altura de la estación de metro Escuela Militar), está la grande: Los buses no pasan, y si lo hacen no se detienen; provocando que un tumulto enorme de gente que se viene bajando del metro se acumule en los paraderos, llegando a ocupar hasta la tercera pista de la calle. Para más remate, una usuaria se desmayó en pleno viaje y tuvieron que intervenir los pacos para sacarla. La entrevistaron, apenas estaba consciente; y decía que estaba viajando desde la 1 de la mañana desde Parral, y que trabaja en la dehesa, y ya que la micro estaba llenísima, se sintió mal y se desmayó. La bajaron y ahora no sabía qué hacer, qué micro tomar y ya estaba atrasada. La usuaria se notaba muy amargada.

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Frente a eso uno puede tomar dos posturas evidentes. Por un lado, uno puede recriminar a la señora la poca voluntad que tuvo para informarse previamente de los recorridos, o para preguntar en los números telefónicos e internet. Pero ese no es el punto, o por lo menos lo medular de la situación según mi parecer. Lunes, día hábil, luego de dos días de marcha blanca, después de prometer hasta el cansancio de que los buses troncales pasarían cada un minuto, y luego me informo por la caja idiota de que la gente tiene que esperar por lo bajo cuarenta minutos por un bus que viene atiborrado de personas que seguramente también han esperado mucho tiempo a que pase esa locomoción, eso qué es?, es inoperancia?, incompetencia?, a todas luces la respuesta es un si rotundo. Claro, el ministro se puede descartar diciendo que eso no ocurre en todas partes, que son hechos aislados, y quizás tenga razón; por lo menos en mi sector no hay problemas de micros (exceptuando el sábado, que fue horrible); pero aún así no puedes poner una situación favorable en desmedro de “casos aislados” siendo que al final los perdedores terminan siendo los usuarios, porque el ministro ni cagando va a andar en micro; y tampoco se tiene que mamar media hora esperando que lo pasen a buscar, por ende llegará tempranito a su oficina. Pero qué hay con esa gente que dónde vive la micro no pasa temprano?, y para más recacha trabajan al otro lado de la ciudad y debido al nuevo sistema deben tomar mínimo 3 micros para llegar “a la hora”. Nuevamente el ministro diría que se informen y que salgan temprano de sus casas para “planificar su viaje”, yo me pregunto qué diablos hago si el mapa me llega 3 días antes que parta el juego y que para mucha gente es cualquier cosa menos fácil de comprender?. Por una parte el señor ministro tiene algo de razón, pero nuevamente se la pongo con ajo; ni los choferes saben qué hacer, creo que ésa es la explicación más razonable para la ausencia de buses. No todos los conductores se han familiarizado con su recorrido, para qué decir del sistema del pase bip (que ayer se descubrió que algunos eran truchos), pero reconocer eso supondría para el gobierno un golpe bajo; tendrían que aceptar que las cosas no se han hecho de la manera más adecuada.

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Más encima está el asunto del pase bip. Como dije anteriormente, ayer se descubrió que algunas tarjetas son “recicladas”, es decir, que toman tarjetas de crédito antiguas y las “reacondicionan” para pase bip, eso es una sinvergüenzura y una irresponsabilidad injustificable. Qué muestra de modernidad más grande. En todo caso si funcionan no debería haber problema. Pero no hubo una campaña más centrada en enseñar a usar la tarjeta, también está el problema de que no todas las personas han podido adquirirla y eso creará dificultades cuando se acabe la marcha blanca y la tarjeta sea prácticamente el único medio de pago para movilizarse por la capital (algunos buses tendrán cobrador automático). Caso aparte y en el que seguramente poca gente ha reparado es en el tema de los discapacitados. No todas las micros troncales tienen subida para silla de ruedas, y de las locales ninguna lo tiene. También está la complicación de los ciegos para entender el sistema, o me va a decir el señor ministro que hizo un mapa braille?. Pamplinas, los no videntes nuevamente se deberán someter a la buena voluntad de los transeúntes para guiarlos en los recorridos, transeúntes que por cierto aún no entienden completamente de lo que trata el sistema.

El gobierno da una clase de chambonadas al ponerle nota 7 al sistema en sus primeros 3 días de funcionamiento. Claro, como ellos andan en auto qué saben de esperar en los paraderos, o de estar parados en una micro repleta de personas. Y frente a las críticas se escudan diciendo que no se puede hablar de un sistema recién empezado su funcionamiento. Y en ese único punto tienen toda la razón, porque al ser algo nuevo obviamente hay que darle una chance, para que el sistema se acople, las personas nos acostumbremos y ahí recién comenzar a sacar cuentas, no es lo mismo opinar del Transantiago ahora con 3 días que en un mes más, cuando se supone que ya se habrá normalizado todo. Pero frente a todo eso, uno igual tiene reparos, por cómo se gestó todo, por la forma en que se hizo la licitación, por lo malas que son las micros nuevas (que se llaman orugas, cuncunas o qué se yo); en esto me quiero detener. Cuando se adquirieron los nuevos buses, desde el extranjero se decía que eran malos, que no iban a funcionar. Los buses nuevos al ser tan bajos se hechan a perder con cualquier lomo de toro. Son lentos, y se nota que algunos choferes aún no saben manejarlas bien, porque cuando frenan casi toda la gente se va hacia delante.

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Escuchando la radio esta mañana, entrevistaron a un empresario microbusero que se quedó fuera de la licitación inicial del Transantiago. El caballero alegó que le pidieron una fortuna para postular, y que no lo aceptaron por eso; a pesar de que tenía 110 buses de primer nivel, sus trabajadores tenían sus sueldos e imposiciones al día. Testimonios como ese dan cuenta del enorme negocio que ha significado el sistema para el ministerio, que además prepara una serie de multas para las empresas que están en el Transantiago y no han cumplido con los horarios y la frecuencia de los buses.

Otra cosa que me llamó la atención, y ya esto me dio risa; fue que entrevistaron a un señor que decía ser de la Villa México, y hacía un llamado a Bam-Bam, que por haber vivido en esa villa, a “ponerse la camiseta”, y cómo él podría hacer eso?, en qué consistirá ponerse la camiseta por Villa México?. Es increíble como la gente lo culpa a él de que las micros anden lentas o no pasen a la hora. Como si él se hubiera ganado la licitación y fuera dueño de todas las micros. Obviamente que, al ser rostro oficial de la campaña, él arriesga su credibilidad al fomentar un servicio que a todas luces no está funcionando como debiera; pero me parece ridículo que las personas lo recriminen a él. No digo que estoy defendiendo a Iván Zamorano, porque el rostro oficial pudo ser cualquier otra persona y sería igual de ridículo que la culparan de un eventual fracaso del sistema. Pero he leído cartas a diarios, diciendo que él no sabe que es andar en micro y la lesera, pero pucha, si uno estuviera forrado en plata como él, perdería el tiempo andando en micro?. Hay cosas que quizás se puedan entender, porque es la frustración de las personas es la que prima al efectuar críticas, pero estas deben estar bien dirigidas. Eso sí el compadre debe estar castigándose por el manso tete en el que está metido. De ser un ídolo nacional ha pasado a ser poco menos que un villano.

El problema ya ha alcanzado ribetes políticos. Para variar, la derecha en pleno salió a criticar, poniendo el grito en el cielo por lo improvisado del sistema. Y pucha que tienen razón, pero la derecha, como siempre ha ocurrido, sólo lo dice para hacer leña del árbol caído, porque créanme que si Piñera hubiera sido elegido Presidente, los mismos que critican estarían defendiendo el sistema, argumentando las mismas cosas que el Gobierno dice hoy. Si la derecha tuviera sentido social o si les importara realmente la situación de la gente, podrían salir a las calles a explicar el asunto, aquí se supone que lo que importa es la gente, no que el error es de esta persona o de esta otra. Si tienen vocación de servicio, salgan a la calle, mapa en mano, y se dejen de hablar por la tele, desde una cómoda distancia de las cosas; en realidad es un mensaje para todos los políticos, del lado que sea. Ése es el problema de los políticos, a todos les gusta la del burro.

En fin, tal parece que al poner en la balanza, los defectos pesan más que las virtudes en este nuevo sistema. Sólo hay que esperar que las cosas mejoren, porque al fin y al cabo; como siempre, los que terminan perdiendo no es el señor ministro y su auto subsidiado por el gobierno, tampoco lo es Lagos Weber por mucho que interrumpa sus vacaciones; tampoco pierde la gordi porque nadie sabe dónde está; ni tampoco pierden los dirigentes microbuseros, que por el solo hecho de adjudicarse la licitación se ganaron sus buenos billullos. No señores, los únicos perdedores serán las personas que tienen en las micros el único medio para movilizarse por la ciudad.

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