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Trancemission: las ganas de crear música juntos

Por Jean (Perrojo) Parraguez | 01-09-09
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Hablar de un “súper grupo” es jugar con un arma de doble filo. El concepto se nutre de expectativas y miradas recelosas en partes iguales, a veces en forma injusta. Ver cómo cinco miembros, cada uno con sus propias armas y escuelas musicales, se unen en pos de hacer música y pasar un rato agradable, es siempre una experiencia renovadora y que colma de curiosidad a los interesados. Trancemission surgió bajo esa premisa, el de sólo vivir la música y darla a conocer. Conversamos al respecto con Rodrigo Astaburuaga y Pablo Rogers. Porque armar una banda, hacer canciones, grabar un disco debut, concitar el interés melómano y hacer una gira no es cuestión de todos los días.

La partida, y como todo el trayecto hasta aquí, fue bastante inusual. Corría el 2008 cuando Rodrigo pensó en contactar a conocidos a través de Myspace para tocar sus canciones: “Desde antes de irme de Chile que tenía temas que quería interpretar. A través de Myspace conocí a Martín, que estaba formando Watch Out!, y que siempre me invitaba a tocar. Ya cuando volví, nos juntamos, sacamos unos temas y salió al tiro una tocata”. Así de urgente fue el primero paso, lo demás llegó solo. Primero con Aldo Benincasa (The Ganjas, The Versions) como baterista, a la siguiente tocata, ya no podía seguir, pero presentó un reemplazante de lujo: Iván Molina (Emociones Clandestinas, Matorral, Santos Dumont). Tiempo después Martín también desertaba, dando lugar para que ingresara Samuel Maquieira (Yajaira, The Ganjas, The Versions), dando lugar al quinteto que completaba Pablo Giadach (Casino, The Ganjas). Después de un par de intentos fallidos, las ganas de formalizar lo que venían haciendo en algunas tocatas y ensayos, dio con la formación final. 
 
Cuando las cosas se dan como pasó con Trancemission, hay que dejarse llevar. Así fue como cada uno de los cinco músicos fueron haciéndose espacios entre sus proyectos para encubar este crío que tomó vida propia luego de grabar ‘5’. “La gracia de la banda es tocar con este grupo de personas y ver qué pasa” cuenta Astaburuaga. El conocerse previamente entre ellos les dio la pasada para ahorrarse horas de ensayo y cambiar la típica metodología de trabajo por una más hippie de improvisar sobre la marcha. 

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Pero de hippie su música no tiene nada. Más noise que sicodelia, con tres guitarras es imposible que no suene rockera una canción como ‘The Same’, el single que escogieron como carta de presentación del disco debut grabado en una noche en el Club Mist a puertas cerradas. Al ser cinco componentes de diversas bandas, el producto resultante de esta nueva pócima resulta inquietante, pero al mismo tiempo satisfactoria. Concebido bajo el concepto de “juntémonos y toquemos”, las canciones amenazan con nunca ser las mismas en vivo, lo que obviamente agrega una cuota extra de interés para verlos en concierto.

Nos dijimos hay que dejar un registro de esta hueá’, da testimonio de una nueva creación y el deseo vivo de cada uno de los integrantes de no dejar de tocar nunca. Es por eso que se conocieron, la misma razón la que los hizo juntarse, tocar, grabar un disco, lanzarlo y salir de gira. Nada más noble y cargado de conexión que la música.

En colaboración con Janine Aravena.

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