Estás viendo: De la anarquía sexual a los beats terapéuticos: la evolución de Fran Straube

192

De la anarquía sexual a los beats terapéuticos: la evolución de Fran Straube

Por invitad@ | 22-05-17 | Texto : Andrés Panes

La vocalista de Miss Garrison desanda el camino que la llevó hasta Rubio, el proyecto solista con el que se reinventa en un nuevo EP.

Desde que empezó Miss Garrison, ignorar a Fran Straube es imposible. En aquel entonces, hace nueve años, solía tocar en el desaparecido y mitificado Club Mist, un lugar clave de la movida santiaguina liderada por las bandas del sello Algorecords, casa de baluartes del rock independiente como The Ganjas o Guiso. No era común ver a mujeres sobre el escenario, menos tocando batería y cantando al mismo tiempo, pero ahí estaba ella. Y detrás suyo, un telón del que colgaba la verdadera Miss Garrison, una muñeca inflable que no sólo inspiró el nombre del grupo, sino todo su disco debut, “Tire y empuje” (2010), un tratado cyberpunk sobre anarquía sexual cuyas canciones tenían nombres como ‘Rocco Siffredi’, ‘Fuck off’ o ‘Plastic señorita’.

Conviene recordar los inicios de Straube para comprender su vertiginosa evolución. Hoy por hoy, en calidad de solista, se presenta bajo el alias de Rubio. Acaba de lanzar un EP llamado “R”, el primero de una serie de cinco que pretende editar de forma trimensual. Cada uno llevará por título una letra del seudónimo con el que, hace ya tres años, empezó a publicar música de forma paralela a Miss Garrison. La banda, en tanto, sigue difundiendo “Al sol de noche”, su último disco, aparecido en septiembre pasado. Productiva, Straube está trabajando, al unísono, en videos para las dos canciones de “R” y también para ‘Pocket song’ de Miss Garrison. Con el grupo viajará a España este mes y espera tener el video listo antes de empacar las maletas.

La primera vez que Miss Garrison estuvo allá, sufrió una de sus múltiples transformaciones: “Ir a España cambió totalmente nuestro horizonte. Después de sacar “Tire y empuje”, nos fuimos a estudiar producción musical electrónica. Como no teníamos dónde guardar una batería, empezamos a descubrir los sintetizadores y las máquinas. Fue el tiempo en el que caché a James Blake y sentía que lo amaba (se ríe)”. A la vuelta del viaje, la banda desechó por completo el concepto de la muñeca inflable y, de paso, dejó de lado su agresividad guitarrera para probar suerte con “deAaB” (2012), titulado así para graficar el salto que representaba.

Foto : Gag Ball

“Nos fuimos poniendo más serios en el camino”, admite. Llegado cierto punto, probaron suerte con una estética más accesible, una etapa de la que surgió el EP “Land of Aloha” (2014) y un significativo aumento en popularidad. “Siempre hemos sido de nicho, pero ahí nos acercamos a un público más amplio y más joven, fue como estar bajo tierra y de repente asomar la cabeza y que nos viera otro tipo de gente, distinta a nosotros. Con Miss Garrison siempre pasan cosas así, sorpresas del destino que hacen que el grupo no termine. Hemos vivido de todo juntos, éxitos, frustraciones, logros, pena, pero siempre vamos subiendo escalones”.

Eso sí, la banda estuvo a punto de separarse antes de grabar su último disco: “Estábamos aburridos de las canciones antiguas y sentíamos un desgaste en lo creativo. Yo quería dejar las cosas hasta ahí, pero nos fuimos a la playa a darnos una chance más, a ver si salían la últimas ideas. ¡Y salieron! Estábamos felices, trabajando con micrófono al aire y tocando en pijama”. ¿Qué fue lo que salvó de la muerte a Miss Garrison? “Las ganas de hacer canciones que nos gustaran porque, al final, lo que es honesto siempre trasciende y la gente se da cuenta de eso. Hay algo medio místico ahí. Mientras más de ti sueltas, más recibes de vuelta”.

Actualizar el sonido de Miss Garrison implicó nuevos cambios para Straube, ya acostumbrada a las transformaciones: “Ninguno de los discos que he hecho ha tenido que ver con el anterior. Todo es nuevo, distinto. He permitido que las cosas pasen, que se vayan”. Algo que dejó ir, por ejemplo, fue su puesto como baterista de Fármacos, con los que grabó “Belleza”, uno de los mejores discos de pop del año pasado. “Estar ahí fue una experiencia que me nutrió mucho, mi única preocupación era dedicarme a tocar. Lo pasé bien, pero después tuve que priorizar y empezamos a discutir, hubo roces, así que me fui. Pero cuando uno cierra puertas, otras se abren. Apenas cerré la puerta de Fármacos, las puertas de Rubio se abrieron”.

Aunque volverse solista era el paso lógico en su carrera, Straube no lo ve tan así: “Lo que pasa es que siempre me imaginé a mí misma como una baterista. Aprendí batería a los once años y era tan bajita que no me veía cuando tocaba, mi sala de ensayo era la cocina. Recién me puse a cantar en la universidad, mientras buscaba vocalista para una banda más punketa que tenía, Artefacto 945. Hice unas audiciones y dirigía tanto a las chicas que al final me sugirieron que, si tenía una visión tan clara de las cosas, mejor lo hiciera yo”.

Los gritos fueron, al inicio, su principal herramienta. Con el tiempo, depuró su técnica: “Mi forma de cantar ha ido cambiando de manera intuitiva, la agresividad adolescente que tenía antes se fue diluyendo con las terapias naturales que he hecho, con mi forma de vivir. Hace un tiempo que estoy sanándome, ando lúcida, amando mi sobriedad, usando medicina milenaria. Entré en eso, entonces, mi ser completo se ha transformado”. En el show de Rubio, Straube hace limpiezas de aura, un giro brusco respecto a las alcoholizadas tocatas de los inicios de Miss Garrison. “Antes era súper depresiva, pero ésa es otra historia”.

Cuando mira al pasado con los ojos del presente, a veces le gana el pudor: “No sé si me siento orgullosa de los primeros discos que hice, la verdad es que el EP anterior de Rubio tampoco me gusta mucho, creo que fue un ejercicio tímido en el que no sabía qué estaba haciendo, por eso lo publiqué con un perfil muy bajo”. Eso sí, tampoco se deshace en autocríticas: “Lo que valoro es que, por lo menos, me atreví a hacerlo. Quedó todo registrado, es una historia de mi vida. En cada etapa, he compartido lo que tenía que compartir”.

Con Rubio, Straube se ha dado el lujo de ceder ante el capricho y descolocar a la audiencia que la conoce. En el EP homónimo que publicó el año pasado, incluyó ‘MO’, un sorpresivo reggaeton: “Me dijeron de todo por grabar ese tema. Desde Colombia me llegaron mensajes aplaudiendo la canción, y acá en Chile alguien dijo que me creía Oddó (se ríe). Yo pienso que lo que haga es hueá mía. En ese momento sentí ganas de hacer un reggaeton y lo tiré nomás, no es necesariamente algo a lo que desee dedicarme”.

Ahora tiene las cosas más claras: “Quiero hacer canciones que me gusten, que me dejen contenta y que se dejen escuchar sin que nadie pida bajar el volumen. Quiero ser honesta con mi arte. Al final, esto es como una terapia para mí, cantar es como abrir un canal”. En términos más prácticos, tiene perfectamente definido lo que quiere hacer: “Mi idea ahora es experimentar, ir jugando. Voy a hacer un video de cada EP y voy a hacer una historia, el video que voy a sacar ahora incluye las dos canciones de “R”. Ese video termina y la historia sigue en el próximo video, el del EP “U”, en que ya estamos trabajando y va muy avanzado”.

Cuando habla en plural, se refiere al equipo que se ha ido armando en torno suyo: “La gente que se ha acercado a mí es muy honesta y abierta. Estoy agradecida, hay amor en todo, en lo audiovisual, en la producción. Era mi sueño tener un proyecto así, en el que muchos participen y se sientan comprometidos porque, estéticamente, Rubio es un mundo”. El más renombrado de sus colaboradores es Carlos Cabezas, la voz de catacumba de los legendarios Electrodomésticos que aparece en ‘Luz’. La poderosa presencia del venerado músico estuvo a un paso de imponerse en el estudio: “Casi toma el control, pero después se salió de su zona de confort. Partió cantando así (imita a Cabezas y ríe), pero le dije no, hazlo susurrado, cántalo tranquilo, y le encantó trabajar así, se puso al servicio de la canción. Es un amor, cero ego, muy humilde”

Por ahora, Straube prepara los conciertos de Rubio. Para definirlos, acude a un montón de conceptos: “Es un show súper cinematográfico y no hay silencios entre canciones. Es como étnico, pero étnico hip hop, se ha ido puliendo cada vez más porque primero me lancé muy random. Por ahora toco todo en vivo yo sola. Cuando ensayo, más que preparar las canciones, preparo los movimientos. Acá tengo que loopear, acá tengo que poner la pista”. Ser baterista le ha facilitado convertirse en una mujer orquesta: “No me ha costado coordinar eso. Como toco desde chica, soy súper rítmica. Hasta me lavo los dientes con ritmo”.

Foto Superior : Gag Ball

Compartir en WhatsApp