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Gestión Cultural

Gonzalo García de Planeta No: “Yo creo que una premisa del autogestionado es que el trabajo lo realiza a uno”

Por Andrés Peña | 21-12-15

 

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Planeta No es una banda pop formada por tres músicos de Concepción, radicados en la capital desde el año 2010. A pesar de su corta carrera, que considera el lanzamiento y promoción del EP Matucana (2014) y su debut con el álbum Odio (2015), ya han visitado distintos países de la región, y el próximo año formarán parte del festival Lollapalooza.

El sábado 19 de diciembre, García y compañía se presentaron en el ciclo Rayos y Temblores, organizado por el sello musical Uva Robot y el colectivo cultural Ultravientamita, con un formato acústico donde también participaron otros artistas como Martina Lluvias, Federico Eisner y Naranja y los Colchones.

Gonzalo García, vocalista de la agrupación, conoce bastante bien los inconvenientes que existen en Chile para dedicarse y vivir de la realización artística, específicamente en el mundo de la música. Las diferencias sociales, la centralización y el poco interés del gobierno, han influenciado al músico para poseer un discurso crítico.

Antes de sus presentación, García avisa “Yo vivo en Matucana, una calle de Estación Central donde en este preciso momento, hay miles de personas comprando como enferma, y ahora estamos acá, tocando en Providencia, donde viven los ricos y tienen sus casas lindas. Sólo lo digo porque sí”. Esta entrevista se realizó después de su presentación, en el pavimento de un pasaje cerca a la avenida Los Leones.

-¿Cómo surgió Planeta No como proyecto musical?

Los tres que formamos la banda somos de la octava región, pero no nos conocimos allá. El bajista y el baterista vinieron a estudiar música a Santiago, y yo de manera independiente, también. Naturalmente, por ser parte de la misma generación, quisimos hacer un grupo. Era nuestro sueño, y aunque no nos conocíamos, sí nos ubicábamos, ya que participamos de la misma escena escolar penquista.

Cuando ya nos juntamos, intentamos hacer un cover y nos salió horrible, entonces al tiro tocamos una canción que yo tenía guardada, y ahí nació Planeta No. Eso fue el año 2010, y el 2011 terminamos de hacerlo oficialmente, ya que el proceso demora demasiado.

-¿Cuáles fueron las mayores dificultades que vivieron para formar el grupo?

Hay varias tensiones que nosotros percibimos. La primera es la económica, que es transversal a todo. Ser músico, en general, no es algo que te traiga mucho dinero, y la mayoría de los proyectos que se forman, en una sociedad con poca música institucionalizada, no son rentables económicamente. Y no es por mala suerte, sino porque no sabemos hacer música, las personas no pagamos por escucharla ni verla, y tampoco sabemos que trabajo hay detrás. Esto ocurre también en otras artes. Estábamos sin fondos, que es formar una banda.

El segundo problema es cultural, porque las personas que estamos afuera de Santiago, teníamos un acceso distinto a Internet, sobre todo del 2010 hacia atrás. El acceso a la  música está más atrasada que para los santiaguinos. Por esto, a los músicos de la capital se les hace más fácil decidir si realizar un proyecto propio o una imitación de bandas norteamericanas o chilenas mayores. Y eso le sigue costando a la gente que viene de regiones.

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-¿Y de qué otras formas sufrieron ustedes de la centralización que existe en Chile?

Piensa que antes, cuando yo vivía en Chillán e iba a una tienda, solo habían cables de guitarra. No vendían el instrumento. Ese era el acceso comercial a la música que existía. Tampoco tenía MTV, mas un niño de Santiago sí, lo cual es un acceso a cultura franca que habilita a la persona a la capacidad de imitar o no, a Katy Perry, por ejemplo.

Yo empecé a escuchar a The Strokes a los 17 años, y estoy hablándote del 2007, cuando ya habían publicado su tercer disco. Un niño de Santiago los conoció en el primero. Es así de simple. Hay una opresión cultural de la capital central sobre su subsidiarias, sus satélites.

-¿Quién responde a estas tensiones, a esta opresión que ocurre de una capital central sobre los otros sectores?

Por si acaso, Santiago está oprimido por otros capitales mayores, como Nueva York, Miami o Los Angeles. Así que no es algo que la ciudad lo haya hecho a propósito. Pero hay un sistema económico que es centralizado, y un sistema administrativo que también lo es, con una élite santiaguina que le gusta estar como está. ¿Para qué van a querer cambiarlo?

-¿Cuando llegaron a Santiago, el choque cultural fue muy grande?

Como no éramos de acá y no teníamos plata, no podíamos acceder al poco chorreo de cultura que existe. Los músicos son cuicos y se conocen y se comunican sólo entre ellos. En la radio los directores siguen siendo cuicos. Las radios son fachas y son cuicas. Los dueños de los bares también. La mayoría de las bandas que tienen sonoridad son así. La cultura es endogámica.

-¿Existe entonces una discriminación social al momento de consumir y vivir por la  música?, ¿La autogestión fue una decisión o una necesidad?

La discriminación es una realidad, tanto en la música como en el minimarket. La misma que hay en la sociedad, existe en la música. Ni más, ni menos, y no me parece que sea sorprendente. Comenzamos así, porque no conocíamos otro camino, además que en ese momento, no habían grandes sellos en Chile. Ahora tampoco. Me parece que es una suerte, ya que la música chilena está en una posición mucho mejor. Independiente que se mueva menos dinero, eso le ha hecho bien.

Así que la autogestión no es algo que hayamos elegido conscientemente, pero nos gusta mucho. Y como nos criamos de esa manera, somos muy controladores. Hemos convivido con empresas más grandes, como el Sello Azul o la agencia de booking y contratación de artistas, Charco, y somos enfermos de controladores para sus estándares. Lo cual para ellos puede ser muy incómodo, pero para nosotros es beneficioso.

Podría hablar horas sobre viajes que hemos hecho, que de verdad fueron muy aperrados. Ahora estamos a meses de tocar en el Lollapalooza, y hace una semana estábamos en México, viajando seis horas en una camioneta arrendada por nosotros, algo que allá es muy arriesgado. Tocamos dos veces ese mismo día, y nos devolvimos apenas terminamos y quedamos muertos, pero no había otra manera. Y claro, nos interesa más tocar que estar bien. Yo creo que una premisa del autogestionado es que el trabajo lo realiza a uno.

-¿Qué opinas de los métodos de financiamiento que existe en el gobierno o la ley del 20% en las radios?

Sobre la ley del 20%, me da igual. Me parece bueno, un logro legal, pero las leyes en verdad me dan lo mismo. Son para los ricos. Las radios también, pero qué bueno que exista una cuota para combatir la presión cultural norteamericana, por sobre la nuestra.

El fondo de la música, por otro lado, es contingente pero es parte de un problema mayor. El gobierno decide no actuar, y en el ámbito cultural dice “ya, compitan”. Además, para no actuar en la educación, “compita”. Y para no hacer carreteras, que unas empresas  compitan entre ellas. Algunas derivan en cosas buenas, no puedo negarlo, mas otras caen en chanchullos como el deporte o las carreteras. O en casi todo, todas las concesiones.

No obstante, en general, la competencia en el mundo del arte es muy chistosa, porque no tiene ninguna relación. La competencia viene de un pensamiento racional occidental, que es válido y ha construido mucho, aunque el trabajo artístico no tiene mayor relación con eso.

Entonces, ¿Quién es mejor, Francisca Valenzuela o Los Búnkers? Es inválido hacerse esa pregunta, o muy poco útil. Si hasta en un carrete, esa conversación es estúpida, imaginarla como política del gobierno es mucho más. Es un absurdo, un derroche de plata, y no espero mucho más de los políticos.

-¿Y cómo llegan a posicionarse en el sitial que se encuentran ahora?, ¿Te interesa sonar en la radio, por ejemplo?

Sí, es parte de mi trabajo. Es justo con el sacrificio que realizamos, hacer un esfuerzo similar en promocionarlo y batallar. No en todos los lugares, aun sí en varios, incluso en más de los que me siento cómodo. Imagínate que un disco cuesta tres millones de pesos, y yo sobrevivo con 100 mil pesos al mes. Vivo de la música, y supondrás que juntar esa plata, nos costó varios años.

Hacer un disco es muchísimo trabajo, es como el proceso de publicar un libro. Piensa que no me esforzara, al menos la mitad de eso en promocionarlo, sería yo un tonto o alguien ilógico. Entonces sí, hay que hacerlo. Yo creo que, lo que me gusta y no me gusta de la sociedad, se expresa en la música que hago y en el camino y decisiones que tomo. Por esta vía, hago mi trabajo para cambiar a la sociedad, supeditado a mi subsistencia.

-¿De qué manera consiguieron el dinero para producir su EP y luego su disco?

Mis compañeros trabajaban de empaque, en un supermercado en la calle Matucana. Después trabajamos todos en un bar, que se llama Loreto. Algunos lo siguen haciendo hasta ahora, y hemos trabajado como músicos de sesión, para bandas como Dënver o Ases Falsos. Yo trabajo para Los Verdaderos Cabrera actualmente. También hemos sido roadies y asistentes de grabación por mucho tiempo, te estoy hablando de 5 años de trabajo.

-Por último, ¿Se puede cambiar el panorama actual?

El sistema tiene cierta dirección, y pone distintas limitantes, ya sea como voluntad personal y como individuo. Sin embargo, el fuego no deja de arder, y la gente talentosa surge igual. Y ser talentoso también es ser movido como un perro. Si eres así, ya armaste tu propio sello en La Florida y tus tocatas, con un concierto para 20 floridanos. No estás ganando plata, pero estás haciendo algo.

Y la represa está toda resquebrajada. No sé si en algún momento va a salir toda el agua, o si yo lo vea, quizás no viva para hacerlo. Estoy viendo todas las fisuras y me encanta navegar en ellas. Si el escenario musical chileno está mejor ahora, es porque el edificio en donde estamos se está cayendo, y muchos trabajamos para que se derrumbe de una vez por todas.

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