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The Get Down: Lo nuevo de Netflix y Baz Luhrmann

Por Juan José Vásquez | 16-08-16
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El rey de los musicales se juntó con Netflix para hacer una serie gigante; un proyecto que con un presupuesto de 10 millones de dólares por episodio podía, en gran medida, quitarle prestigio a la marca. Sin embargo, el resultado es el mejor enredo que ha dado el gigante del stream en cuanto a series.

The Get Down retrata la relación de Ezekiel Figuero (Justice Smith) un joven que vive en South Bronx, hijo de un puertorriqueño y madre afroamericana que busca el amor de Mylene Cruz (Herizen F. Guardiola), una hija de padres cristianos que vive de su pasión por ser la próxima estrella de disco. La relación no funciona, y Zeke decide meterse a buscar inspiración para sus rimas en la calle, conociendo a Shaolin Fantastic (Shameik Moore); un ex grafitero que entrena arduamente para convertirse en un DJ como su maestro, Grandmaster Flash (Mamoudou Athie).

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El primer episodio de la serie, tiene una duración de aproximadamente una hora y media, haciéndolo el punto de inflexión para cualquier espectador. Luego de aquella barrera, la obra de Luhrmann va a tomando forma poco a poco; el desarrollo de cada personaje es paulatino y se da por medio de montajes en forma de musicales, de los cuales, no soy fanático. Sin embargo, cada escena adopta un sentido histórico para entender el drama.

El camp se asocia a una sensibilidad estética que exagera las obras de arte, las hace de cierta forma, mucho más sintéticas. The Get Down sufre de aquello, cada personaje es un cliché, un estereotipo de puertorriqueño viviendo en el Bronx, de afroamericano adicto a la música disco de los 70’s. No obstante, aquella característica cheesy, que bordea a las telenovelas latinoamericanas es el motor perfecto para mover tanto la trama de Zeke con Mylene, como el desarrollo del hip hop en New York.

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En el episodio número cinco, todo tiene un sentido. La preparación entre las tramas de cada personaje principal converge en el montaje de Mylene cantando Set Me Free en la iglesia de su papá. Mientras Zeke trabaja en las rimas para The Get Down Brothers y Shaolin Fantastic utiliza el breakdown de la canción para su batalla contra The Notorious Three.

Hay tantos momentos condensados en tan solo seis episodios de la primera parte de la serie que sería spoilearla aún más. Cada montaje muestra un momento exacto en la génesis del género, el uso de samplers, la unión de DJ junto a un MC; el declive del disco como base de la música bailable. Si bien hay un problema con la sobre exageración de las características de los personajes, la falta de explicación de por qué las referencias a películas de kung fu en el hip hop; lo que hace bien la serie, lo hace excepcionalmente bien.

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En gran medida, la trama de la serie se sintetiza en la relación de Mylene con Zeke, una especie de Romeo y Julieta ambientando en South Bronx durante 1970. Pero hay amor detrás de The Get Down; existe una pasión tan grande por la música que cada escena se convierte en algo personal. La producción detrás de cada musical no se siente forzada, es más bien un ejercicio estético; transporta al espectador hasta ese momento histórico y hace de una reseña una de las mejores series en lo que va de año para todo amante de la música.

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