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Que en paz descanse el fútbol

Por invitad@ | 07-12-15 | Texto : Francisco Guerrero

Hoy, domingo 06 de Diciembre, era un día muy especial tanto para mí como para mi viejo; después de mucho tiempo volvíamos al estadio para seguir al equipo que tantas alegrías nos ha dado en nuestras vidas y así revivir esa sensación tan íntima de acompañarnos mutuamente compartiendo un sándwich y un partido de fútbol frente a un gramado impecable.

Llegamos temprano, tipo 15:00 hrs. (dos horas previas al inicio del encuentro), nos estacionamos cerca del estadio y caminamos orgullosos con nuestras camisetas soñando en como celebraríamos cuando el partido terminara. En un principio, cuando llegamos al primer anillo de seguridad, iba todo normal y tranquilo, se podía ver a hinchas de ambos equipos caminando juntos y donde solo se separaban en la bifurcación que distinguía los accesos al recinto según al club que se apoyaba. Después de caminar unos cuantos metros y avanzando de control en control, llegamos a la localidad correspondiente a nuestro ticket: Andes. El tiempo de anticipación con el que llegamos nos permitió una serie de beneficios como poder regodearnos al momento de elegir nuestros asientos y lo más importante, darnos el lujo de recordar cómo era ir al estadio cuando yo era pequeño y probablemente no entendía bien donde estaba. De ese tiempo yo no recuerdo bien  grandes jugadas o goles, no recuerdo las formaciones completas y mucho menos los marcadores, pero si recuerdo los sándwiches de ave palta que llevábamos en nuestros potes plásticos, también recuerdo al viejito vendiendo té y café pero que nosotros siempre evadimos ya que íbamos con nuestro propio termo. Recuerdo que muchas veces fui con mi propia pelota de fútbol y que cuando me aburría bajaba a jugar con otros niños en el espacio entre la galería y la reja mientras mi padre, metros arriba, veía al equipo que tanto ama. En fin, recuerdo que lo pasábamos bien.

Volviendo al día de hoy, el ambiente estaba muy tranquilo, las graderías se empezaban a llenar poco a poco y la hora del pitazo inicial se acercaba cada vez más. Llega el momento en que ambos equipos salen a la cancha y el fervor era impresionante, la expectativa y el nerviosismo que produce la incertidumbre de no saber cuál será el resultado final nos acongojaba de manera inconmensurable. Es en ese momento, que una nube blanca de extintores cubre la cancha completa, escondiendo bajo ella el inicio de todo el caos que vendría más adelante y en el que no detallaré, ya que para eso está la prensa y no quiero sonar poco objetivo o simpatizante de un bando en particular.

El final del cuento es conocido, el partido se suspendió y todos los que no estuvimos involucrados en los desmanes nos vimos en la necesidad de abandonar el recinto deportivo y podría apostar que la gran mayoría, como nosotros con mi viejo, lo hizo por la misma razón: el miedo.

Ya fuera del estadio y lejos de la zona conflictiva es que empiezan todos mis cuestionamientos internos sobre la situación ocurrida. ¿Qué queda del fútbol del que tantos recuerdos tengo de pequeño? Si bien, yo no soy el hincha que viaja cada fin de semana siguiendo al equipo de sus amores, creo que cada vez que me toca estar frente a ese verde imponente de la cancha, disfruto y siento a concho cada segundo de partido en que aliento al que yo considero ‘mi equipo’. Pero hoy eso es prácticamente imposible, los estadios hoy en día se ven repletos de supuestos ‘hinchas’, personas las cuales dicen dar su vida por el equipo de sus amores, pero sin tener la capacidad cognitiva para entender lo que esa frase abarca. Me atrevo a decir que en su gran mayoría son personas que poco y nada saben de fútbol y que se escudan en una ‘pasión’ para actuar de forma indiscriminada contra quien estimen conveniente, ya sea alguien del bando contrario o la autoridad de turno correspondiente al mundo del fútbol. Puedo enfatizar en que su fanatismo es falso y mediocre ya que la preocupación de estos individuos no está en los jugadores ni mucho menos de lo que pasa en la cancha, por el contrario, es mucho más importante pasar el tiempo que toma un partido mirando la galería para ver si hay alguien que no esté gritando como se debe o si todos los están siguiendo como ellos estiman que es correcto.

No quiero entrar a opinar sobre la vida personal de cada uno de estos individuos fuera del estadio, porque en serio lo desconozco y cualquier comentario que pueda emitir sobre el tema va a ser subjetivo y generalizado, pero si quiero enfatizar en que bajo mi percepción, son este tipo de hinchas los que se han encargado de matar el fútbol que muchos de nosotros amamos. Pero ¿Podemos culparlos completamente a ellos? Una falsa pasión que se escuda en un resentimiento mal enfocado, termina en una violencia injustificada contra personas que poco y nada tienen que ver con la rabia en el interior de estas personas. La falta de educación y la escasa cultura que tenemos como sociedad se ve reflejada en una muy herrada canalización del odio que nos genera la desigualdad que marca nuestro día a día. Pueden pensar que estoy mezclando temas diferentes y que mi discurso puede sonar poco lógico, pero piensen que en una situación de emoción y adrenalina tan grande como la que genera el fútbol, nada es lógico.

Si bien el tema de las ’barras bravas’ y la relación que éstas tienen con la actual empresa del fútbol es algo en completa relación, creo que detallar en aquello podría tomar una columna mucho más larga que ésta. Pero si quiero enfatizar en que el accionar y reaccionar de estos ‘hinchas’ es el reflejo de la parte olvidada de nuestra sociedad, es el aislamiento social pidiendo a gritos la igualdad de condición, es esa poca cultura que tenemos reflejada en una violencia injustificada y poco explicable. Así como cada día hay muchos que sentimos que nuestro país se va en vía directa al hoyo, es como yo hoy me di cuenta de que el fútbol, como expresión de la alegría del pueblo, se ha muerto.

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