Estás viendo: Nujabes: La base de toda una generación

192

Nujabes: La base de toda una generación

Por Juan José Vásquez | 15-11-16

Jun Seba, más conocido como Nujabes se convirtió en un símbolo para la música de Japón luego de su trabajo en la banda sonora de Samurai Champloo, reuniendo beat calmos con jazz, logró dar con una mezcla que fue el comienzo para un movimiento de raperos que comenzaron a tomar como base el trabajo del productor.

No fue el único en trabajar beats para freestyle y unirlos a un sonido de jazz norteamericano de los 60’s. Madlib y J Dilla estaba haciéndolo hace años, la gracia de Nujabes es la sencillez nipona a la hora de producir paisajes visuales. Como ejemplo, ‘Tsurugi no Mai’ perteneciente al segundo volumen del soundtrack de la serie, usa una estructura de sintetizador repetitiva haciendo el motivo de viaje, mientras los beats de fondo genera movimiento hasta que la canción corta para bajar la saturación y volver al comienzo.

En Aruarian Dance hay una introducción de pianos para volver al beat, luego vientos y nuevamente sintetizadores, haciendo de la canción un viaje por un camino del Japón medieval donde los samuráis respetan códigos de honor y saben soltar verso tras verso sin haber aparecido aún Rakim en la historia de la música. En el caso de Sanctuary Ship sucede algo similar, el ritmo lo lleva un beat constante mientras la estructura melódica es de sintetizadores, dando por resultado un hip-hop atmosférico que ha surgido una vez más.

El productor australiano, Ta-ku realizó un homenaje a Nubajes. Durante 25 días produjo un corte especial inspirado en la música del japonés, dando por resultado ‘’25 Nights for Nujabes’’, beats minimalistas acompañados por una instrumentaciones de pianos, cuerdas y sintetizadores, carentes de una pista vocal, y es ahí donde se encuentra la gran diferencia con J Dilla y Madlib, ambos utilizaban samplers vocales entregando un resultado mucho más norteamericano; el japonés trabajó una idea contemplativa sobre el arte de crear beats en hip-hop.

En el trabajo de Nujabes, hay una sencillez muy particular. Se trata de una capacidad de hacer al hip-hop un género introspectivo por medio de pista instrumentales con las cuales el flow de un rapero convencional no podría subsistir. A ratos, la idea de un Japón romantizado en su exportación cultura se quita de la vista, no se trata de anime y tiendas de ramen, es más cercano al trabajo literario de Yasunari Kawabata; delinear paisajes de los templos budistas en la ciudad de Kanagawa.

Generar una atmósfera siempre ha sido el trabajo del beatmaker, entregarle un ambiente en que el auditor está dispuesto a escuchar al MC soltando barra tras barras, como lo es el caso del proyecto de MF Doom y Madlib, Madvillain. Cada corte posee pistas que por si solas se mantienen, haciendo el trabajo del rapero mucho más complejo: proveer de una narrativa que atraiga el oído sin distanciar la atención de la pista. Nujabes logró crear ambos aspectos en sus canciones, una narrativa que no necesita de un rapero para subsistir por sí misma, generar atmósfera donde el auditor puede desenvolverse por sí mismo sin interacción de nadie más. Creó pistas que generan paisajes nunca antes vistos, ni siquiera imaginados anteriormente a la experiencia Nujabes.

Compartir en WhatsApp