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El chiste se repite

No es otra tonta película chilena

Por Andrés Peña | 05-11-15

Este país se parece a una malísima comedia de Sebadilla. Esas que nadie entiende que se hayan grabado y en verdad, son terribles. Las que nos meten un chiste forzado cada dos minutos, pero no le da risa a nadie. En el Chile de verdad pasa igual. Lo nefasto es que en vez de chistes, son tragedias.

Digamos corrupción, terremotos, incendios. Confort, Penta, Caval.

Los días pasan y los chistes forzados asoman por la prensa de cuanto en cuanto. Y uno se termina aburriendo y preguntándose si esto va a acabar. La nueva broma de la semana es la que está sucediendo en La Serena. De un total de 110 médicos que trabajaban en el Hospital Público, 69 decidieron renunciar, mientras los otros, están parados.

Ahora hay que decirle a los pacientes, que por favor no pierdan la paciencia. Ahora la salud de toda una región peligra de manera profunda porque no existe la infraestructura necesaria para atenderla. Y la solución está cruzando la calle. Literalmente.

Desde hace un par de años, existe el plan de utilizar la ex Cárcel de la ciudad como boxes con última tecnología, para así entregar una salud más digna a la región que tiene 771.085 habitantes. Un proyecto que cuesta $57 mil millones de pesos, y son $7.000 los que faltan.

Claro, el chiste se repite. Parece que en Chile todo tiene que ver con plata. La disyuntiva está en quién debe poner lo faltante. Si el gobierno o la misma región. Siendo franco, no sé quién debería hacerlo, no soy un experto. Pero sí hay algo que quiero decir: estas situaciones absurdas no deberían pasar. Nunca.

¿Por qué razón el gobierno permite que ocurra una circunstancia tan extrema, sólo por 7 mil millones de pesos? Todos sabemos que esta cifra es considerable, pero creo que la vida de 771 mil personas de un país es mucho más valiosa. Más que una creencia, me parece sentido común.

No puede ser que se les deje robar a los empresarios cantidades mil veces mayores, como si aquello fuese parte de su naturaleza intrínseca, y al mismo tiempo, gente que necesita con urgencia un tratamiento médico, simplemente no tiene el acceso de obtenerlo porque el hospital y sus trabajadores están en paro. Y más que eso, desempleados.

Lo más triste de todo, es que casi como siempre, no se puede hacer nada. Los que ansían ser tratados por los doctores sólo les queda esperar y rezarle a algún santo. ¿Cuándo van a aparecer los créditos de esta pésima historia? ¿Cuándo vamos a superar nuestro aburrimiento colectivo?

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