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Ante cualquier acto de rebeldía, defienden a los empresarios y el que raya es delincuente.

Me gusta el graffiti en el Metro de Santiago. Es necesario.

Por @jp192 | 03-09-15
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Acabo de leer el siguiente titular: “Carabineros detiene a cuatro menores de edad por rayados en el Metro”. Me saltaré el tema de los carabineros, ya que yo también ‘odio la policía’, y también la idea de que acaso “¿no hay criminales reales que detener?”. Me gusta el graffiti. Siempre me detengo a mirarlos. A veces les tomo una foto a los que me gustan. Muchos de los destacados se me han repetido en distintos barrios de Santiago. Algunos son feos y parecen carecer de técnica. Otros son mucho más desarrollados, una increíble manifestación artística. Los primeros quieren mejorar, los segundos perdurar.

Respeto al grafitero. Ojalá pudiese haber crecido siendo amigo de alguno. Entender la cultura de pintar las paredes. Quiéralo o no la gente de Metro Santiago. Quiéralo o no la señora a la que le rayan el portón. La sed del artista del Graffiti no se apaga. Las murallas se pintan. Punto.

Pintar el Metro de Santiago me parece fascinante. He visto videos de la hazaña y claramente es un hermoso sello de violarse al sistema. Las grandes marcas pueden vestir vagones enteros con su lema de que la agua negra es felicidad. El que raya es un delincuente. Mierda clásica y para nada finita.

Leyendo los comentarios de la noticia obtengo el feedback más delicioso. Por ejemplo, hay uno que piensas que “rayar” el metro es un indicador de lo mal que está nuestro país. Uno que de seguro no se despega de la tele. Otro, más atinado, señala lo malo y caro del servicio. Dice que el acto de los menores es insignificante comparado a los robos de los políticos.

Al igual que Álvaro, yo también pienso que pintar el metro es bacán.

Yo pienso que el arte contestataria es un derecho y debe de estar en todas partes. Tomarse el metro lo harán aquí o en chuchunco city, ahora y siempre. Estos menores de edad son necesarios. Para que los veas. Que mi madre los tilde de “flaites”. Que la tuya diga que hay que “exterminar la escoria”. ¿Hasta cuando vamos a pensar así? Espero que sea nuestra generación la que cambie el discurso, mira que ni mi madre ni la tuya cambiarán de parecer.

Los cabros, mejor dicho sus padres, pagarán por los daños y de seguro les dirán que no lo vuelvan a hacer. Se darán media vuelta y los cabros volverán a a pintar de nuevo. La sed de rayar no se detiene. Tampoco la motivación por dejar su marca. Si los pillan no importa, la tarea fue ejecutada. Estamos conversando sobre esto.

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