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Llegué tarde a Björk: una guía inicial

Por Juan José Vásquez | 11-03-18

El primer acercamiento que tuve a Björk, de verdad, fue en vivo. Es extraño en la actualidad que conozcamos nuevos artistas en un concierto, la facilidad para buscar música es tanta que olvidamos la maravilla de descubrir nueva música en persona. Algo así me pasó con Björk, en Lollapalooza 2012 me llevaron a verla. Estaba agotado, decidí tirarme en el pasto y prestar atención a la pequeña figura que saltaba sobre le escenario y se veía en las pantallas: era ella con una peluca roja, muy Björk.

Demás está acotar que no le pude prestar mucha atención, estaba más interesado en la mujer que tenía al lado y su afición que luego descubriría por Björk. Para ella, comenzó con el cover de Thirty Seconds to Mars de Hunter, ahí volví a interesarme un poco más en ambas. Lo inevitable sucedió, me alejé de las dos. No obstante, con una de ellas, a Björk la pude buscar y aprender a amar luego de años. Me arrepiento haber esperando tanto.

Es un mundo difícil de penetrar, no por lo enigmático, sino por la grandilocuencia oculta en su música. Me costó asimilar la cantidad de capas, así también, su habilidad como artista, cada rincón de sus creaciones está cargada de una energía y cariño tan grande, que me dolía tanto como a ella.

Curiosamente, el primer disco para conocer a Björk, para ingresar a su mundo, lo lanzó el mismo año en que nací. Post es quizás, para muchos lo más accesible dentro de su amplio catálogo. Es pop, es crudo, es amor puro. Hyperballad es una canción que cualquier desearía poder escribir, detrás de la letra sobre cómo enfrentar una relación amorosa, hay una capa de samplers y sintetizadores densa que plasma su visión sobre música y tecnología.

Luego está Debut, de 1993 y tal como lo dice su nombre, es el comienzo de su desarrollo como artista. Los temas pop están presente, Big Time Sensuality y Venus As a Boy, no obstante, los instrumentales en este disco son un poco más complejos de digerir que en Post, todo está en un estado de letargo.

Vamos bien, si el problema fue la cantidad de electrónica en Debut, lo mejor es seguir con, a mi parecer, su segundo mejor disco: Homogenic. Aquí encontramos de lleno la inmensidad de Islandia, el espacio y la soledad está dada por los samplers de batería, Björk crea una atmósfera de estar perdido en una llanura llena de verde cubierta por lluvia. Según Thom Yorke, Unravel es una de las canciones más hermosas que ha escuchado, para mí, es Jóga.

La sensibilidad de Björk, aquella debilidad emocional que a todos los acongoja y que ella logró transformar en arte está más patente en Vespertine. En 2001, se abrió al mundo, cada una de las canciones que componen el disco entrega un trozo de la cantante además de enseñar a lidiar con el desasosiego de la vida, tal es el caso de Cocoon y la maravillosa Pagan Poetry.

Quedan solo dos niveles que atravesar, son complejos, pero es posible llegar a sufrir junto a sus canciones. El primero de ellos está compartido por Volta de 2007 y el disco que me hizo conocerla, Biophilia de 2011. Ambos son poco convencionales, no obstante, Medúlla de 2004 es la última frontera con Björk, sumergiéndose sin respirar a través de los tres discos seguidos es lo ideal, se emerge con una perspectiva distinta sobre el trabajo de un músico, las barreras que puede derribar y el espectro de sonidos abarcables.

Sus últimos dos trabajos publicados, Vulnicura de 2015 y Utopia de 2017, realizado en conjunto a Arca son abordables luego de haber transitado por el resto de su discografía. No los recomiendo, sobre todo el último, para ingresar al mundo cálido de Björk, uno que he conocido y aprendí a apreciar. Aunque llegué tarde, la sorpresa sigue siendo maravillosa.

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