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Kanye West: Una fuerza más poderosa que el ego (segunda parte)

Por Juan José Vásquez | 04-10-16

En 2010 llega el punto en que el rapero lanza su propio Pet Sounds, su Revolver, su Ok Computer, se trata de ‘My Beautiful Dark Twisted Fantasy’. Le pido al lector que si se queda con algo de la historia de West se trata de este disco. La cumbre se alcanzó con todos los elementos que cosechó durante cuatros discos, cada característica se encuentra presente en el quinto larga duración del norteamericano. La presencia de Kanye se agranda con cada canción, su cuerpo se vuelve un monumento a la música. Sin una voz ideal, carente de rimas memorables, MBDTF es una institución dentro del género. El verso de Nicki Minaj en ‘Monster’ es probablemente lo mejor que ha hecho en su carrera, ‘Power’ tiene un sampler de ‘21st Century Schizoid Man’ de King Crimson. Bon Iver hace el coro en ‘Lost in the World’, mientras que Kid Cudi hace lo respectivo en ‘Gorgeous’. Es un ejercicio estético que reflexiona sobre ser una celebridad, la soledad, el alcohol y las mujeres como una forma de adormecer el dolor de lo insignificante.

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Kanye dijo en una entrevista que ‘My Beautiful Dark Twisted Fantasy’ es solamente una disculpa al público. Un disco creado con la única finalidad de darle a la gente lo que querían escuchar de él. La esencia de la placa se ve relegada a un segundo plano, las canciones que lo componen son quizás sus mejores composiciones.

El punto de inflexión para muchos fanáticos del rapero se encuentra en ‘Yeezus’ (2013). Un disco donde su ego rebalsa las canciones, es el pilar principal de la placa. Este es el ‘Kid A’ de Kanye West: beats minimalistas, samplers electrónicos atonales con sonidos similares a la estática, quiebres inesperados y épicos; letras con un contenido universal, cargadas de resentimiento hacia el mundo que critica su creatividad. Si bien cada corte podría estar perfectamente dentro de alguno de sus discos anteriores, la coherencia que presenta el sonido es mayor a la indivualidad que intentó representar.

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Para su intervalo final, pasaron tres años hasta que volvió a componer un nuevo disco. ‘The Life of Pablo’ se vio opacado por la demora, el hype y las actualizaciones que le hizo West luego de ser lanzado. A modo de síntesis, Pablo es una placa disruptiva; la identidad creada por el rapero durante su carrera fue dejada a un lado. Cada canción es un objeto de análisis lleno de sentidos y características que por sí mismas suenan dispares, tal es el caso de Ultralight Beam, un corte que utiliza un Vine en la introducción, un coro de gospel y un verso de Chance the Rapper. En cambio, ‘Waves’ presenta el mejor trabajo de Chris Brown en su carrera, un coro melódico celestial. Mientras que ‘Fade’ presenta un sampler House creando un efecto de dancehall.

En esta última faceta, West une su línea de ropa, Yeezy, con el sonido que ha estado cultivando durante más de una década dentro de la industria. Entre su ego y visión del mundo los detractores surgen por millones, sin embargo, la influencia del nativo de Chicago en la escena internacional es tangible en cada uno de sus discos. Sin contar las instalaciones que acompañan cada tour, cada presentación de sus placas y la concepción de arte tan particular que tiene, el nombre de Kanye West quedará en la posteridad de la historia de la música, ya sea por su influencia o por su característica personalidad pública.

 

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