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Crónicas festivaleras: Lollapalooza Chile 2011

Por Hernán Carrasco C. | 08-04-11
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Nos aventuramos en este primer festival Lollapalooza Chile como cualquier hijo de vecino, sin privilegios especiales ni nada que nos hiciera diferentes a un asistente ordinario, recorrimos Santiago y participamos en la fiesta del Parque O’Higgins durante el pasado fin de semana, acá nuestra crónica.

Llegamos a Santiago dos días antes del evento, y de partida nos sorprendió  la cantidad de extranjeros que había, mucho más de lo acostumbrado para la ciudad. Alcanzamos a asistir al sideshow de The Killers ese mismo día, en el Teatro La Cúpula, no fue la mejor experiencia, pero ya en el show había un ambiente más festivo, gente de Colombia, Brasil, Australia y Argentina había como asistentes, los cuales nos comentaron que ver a un grupo de categoría mundial en un recinto tan íntimo era un lujo que pocos podían contar en sus vidas.

Esa misma noche nos datearon (vía twitter) sobre el lugar donde estaría el grupo una vez terminado el show, nos apersonamos al lugar indicado y tuvimos que esperar un buen rato en la entrada para que nos dejaran pasar, al parecer la pinta con que la que andábamos no era la más «apta» para aquél lugar, pero pudimos ingresar. Una vez adentro, y luego de pedir unas «bebidas», nos encontramos de frente con tres de los cuatro integrantes del grupo, siendo Brandon Flowers el único que faltaba, bien sabido es que el vocalista del grupo es mormón, por ende, no bebe ni tampoco fuma, no baila apretado, etc. Conversamos con Ronnie Vanucci, baterista de la banda, que nos preguntó cómo habían sonado en el show, a lo cual respondimos con la honestidad que nos caracteriza: No muy bien. Él asintió y confidenció que realmente estaban «a little bit rusty» osea un poco oxidados, pero que esperaban darlo todo el sábado, en el cierre del primer día…cosa que finalmente tampoco ocurrió.

El viernes, después de una larga noche, recorrimos el centro de Santiago y algunos lugares cercanos al Parque Forestal, para constatar que la cantidad de extranjeros seguía en aumento, estadounidenses, canadienses, ecuatorianos, franceses y alemanes se paseaban encantandos por la ciudad. Sin previo aviso, ibamos pasando por afuera de un bar relacionado con un diario opositor a la administración actual, cuando nos encontramos con un grupo numeroso de gente, dentro de ese grupo estaba, uno de los hombres emblemas del indie, Wayne Coyne -vocalista de The Flaming Lips– se encontraba a metros de nosotros.

Nos acercamos respetuosamente, lo saludamos y entablamos una conversación con el hombre, que resultó realmente placentera y amena. Coyne fue muy receptivo durante la charla, le preguntamos que le parecía Santiago (nos respondió con un Amazing!) y nos preguntó si el barrio por donde íbamos caminando era peligroso (no lo era), le dijimos que no y que no necesitaría guardaespaldas –como sí los necesitó la otra banda que ya habíamos conocido– me miró y me dijo: ¿guardaespaldas? Fuck that! that’s stupid!! Me gusta conversar con la gente, no hay necesidad de encerrarse. Luego de un rato, nos invitó gentilmente a unirnos a su comitiva que iba al barrio Bellavista, invitación que respetuosamente declinamos para no ser tan entrometidos (aunque ahora que lo pienso fue bastante estúpido haber rechazado la invitación) y le deseamos mucha suerte para el domingo, a lo cual nos respondió: «Muchas gracias! Nos vemos el domingo muchachos». Una tremenda persona y la antítesis de una estrella de rock es Wayne Coyne.

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El sábado en la mañana antes de dirigirnos al Parque O’Higgins pasamos por cierto hotel ubicado en providencia. Nuestra página, no tuvo la posibilidad de entrevistar a ningún artista que participaría en el Lollapalooza (aunque al comienzo nos dijeron que sí podríamos), razón por la cual, tratamos de hacer lo posible para sacar alguna nota de los participantes del festival. Llegamos al mencionado hotel al mediodía, fuimos al bar, ordenamos algunas cosas de aperitivo y esperamos por algún artista.

A los pocos minutos nos topamos con Sergio Vega y Stephen Carpenter, integrantes de Deftones, ambos muy amables (como siempre han sido los miembros de Deftones) nos saludaron y comentaron algo de lo que esperaban del show de más tarde; Vega nos dijo «sabemos la cantidad de gente que va al festival por nosotros, no los decepcionaremos», le preguntamos si había alguna sorpresa colaborativa en el setlist, nos dijo que no podía decir, pero que iba a estar intenso. Con Carpenter no pudimos hablar mucho, porque el hombre venía algo atrasado y «con mucho sueño» debido a la fiesta de la noche anterior con los miembros de Cypress Hill, pero igual nos dijo que le encantaba venir a Chile y que sabía de la campaña que estuvimos haciendo para un show en solitario del grupo.

Mientras esperábamos por alguna nota más, se paseaban miembros de The Drums, Edward Sharpe & The Magnetic Zeros, Cat Power pasó a escasos metros nuestro con cara de «salúdenme» y conversamos con unos de los roadies de Ben Harper, que nos confidenció que el norteamericano andaba cansado, así que pidió irse más tarde al Parque O’Higgins, además de contarnos que Harper se quedaría una semana más en Chile y que tenía un viaje programado para la Patagonia.

El attaché de Zeta Bosio, nos ofreció (de manera informal) una nota con el músico, la cual no nos interesó mucho que digamos, mientras por ahí mismo pasaban integrantes de Sublime With Rome. Nos encontramos con miembros de The National, muy amables la mayoría, les preguntamos como había estado el paseo por Santiago la noche anterior (Lovely, nos dijeron sin dudarlo) y cómo se venía el seltlist para el show de la tarde, a lo cual el vocalista Matt Berninger nos respondió, que el que veía eso era Aaron (el guitarrista), pero que estaban contentos por los minutos extras que les dieron después de la cancelación de los Yeah Yeah Yeahs. Antes de despedirnos, intercambiamos algunas palabras más, nos contaron que esta era su primer vez en Sudamérica y que pretendían volver muy pronto, les deseamos suerte y nos fuimos, segundos después hacía su arribo al hotel el grupo 30 Seconds to Mars.

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Una vez en el Parque O’Higgins, nos topamos de frente con el problema que tuvieron los turistas extranjeros con el retiro de su entrada, llevaban esperando más de dos horas (a todo sol) para poder entrar al recinto. Molestos, nos comentaron que estaban muy decepcionados de la organización, que esto en otras partes del mundo no pasaba (me consta, porque hace 3 años atrás estuve en Coachella y retiré mi entrada al igual que ellos, antes del show, y sólo esperé 5 minutos por ella) y que se estaban perdiendo shows que ellos querían ver, tirón de orejas para el sistema que entregaba las entradas (Punto Ticket).

Una vez adentro, unos británicos nos comentaron que estaba todo muy lindo, pero les extrañaba (al igual que nosotros) que no hubieran lockers donde la gente pudiera dejar sus cosas durante el día. En otros festivales se ocupa bastante eso, y es súper útil, dejas tus cosas en el casillero y te olvidas de andar con cosas extras en las manos.

Nos paseamos a nuestras anchas durante los días del festival, corrimos de un lado para otro para alcanzar a ver lo más posible, nos tocó vivir el desastre que fue el Tech Stage, donde incluso tuvimos que extremar recursos, para no ser aplastados por la masa y para cuidar la integridad física de mujeres y gente mayor a nuestro alrededor, la molestia era evidente entre los apretados asistentes y la acción de carabineros no ayudó mucho, de hecho quedó más claro ese dicho de que «La policía y el rock no son una buena combinación». Está claro que la decisión de usar ése escenario para artistas con alta convocatoria no fue la acertada.

Tal vez para lo próxima se podría hacer un enroque, dejar el Teatro La Cúpula para el Kidpalooza, y el Tech Stage en el lugar donde estaba el escenario para los más pequeños. Extrañamos además un lugar físico de Informaciones, en el cual la gente pudiera aclarar sus dudas como por ejemplo, lo de la carpa de autógrafos, la información oficial de lo que pasaba en el Tech Stage y otras interrogantes más que la gente tuvo, de hecho eso fue los que nos comentaron unos turistas brasileños que necesitaban saber donde tenían que tomar el transporte de vuelta al centro de Santiago.

En fin, tuvimos un excelente fin de semana de música, shows de calidad a granel, actuaciones contundentes de algunos artistas nacionales y mucha buena onda de la gente que asistió al festival, con un comportamiento y cultura cívica impecable, se pasearon desde niños a abuelos, desde chilenos a alemanes, hay cosas que mejorar claramente, pero la primera vez puntuó con nota destacada, todo indica entonces que nos veremos el 2012, para la segunda versión del Lollapalooza Chile, hasta entonces!.

Puedes revisar nuestros reviews de los dos días en nuestra sección On Stage.

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