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Black Mirror, tercera temporada: Una decepción inesperada

Por Juan José Vásquez | 22-10-16
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La serie creada por Charlie Brooker en 2011 llenó un vacío que la ciencia ficción no había podido llenar durante años en la televisión. La capacidad de usar elementos tecnológicos cotidianos y convertirlos en parte fundamental de una visión distópica del futuro cercano fue lo que llevó a la serie hasta Netflix el presente año, con una tercera temporada. Sin embargo, la combinación de presupuesto, quizás también debido a la nueva audiencia norteamericana y la facilidad con la que se puede ver contenido en la plataforma hicieron de la serie la hicieron insípida.

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Black Mirror se caracterizó por un humor negro muy británico, y por cierto, bastante cercano a otra serie de ciencia ficción, Utopia. Las dos primeras temporadas poseían una dinámica oscura de cómo la tecnología influye directamente en la vida diaria, desde las relaciones interpersonales hasta la visión de la muerte. Mientras que en la tercera entrega que cuenta con seis episodios, todo se vuelve soso y predecible. Las particularidades que hicieron a la serie de Brooker atractiva se desvanecieron en un mar de dinero destinado a una producción digna de Hollywood.

A ratos, las ideas anteriores de la serie se mantienen pero han sido transformadas para una audiencia floja. Quizás Brooker peca de considerar a los espectadores de tontos, ya que cada guión explica en gran medida el concepto detrás de cada episodio. El mejor ejemplo de esto, es el primer episodio de la temporada, ‘Nosedive’. Todo gira entorno a las calificaciones que se le pone a una persona luego de interactuar con ella en el mundo real, se puede ver exactamente el número que cada uno de ellos tiene; y gracias a eso las relaciones entre los personajes son dispares. Es como si Instagram nos dejara darle una calificación a las fotos de nuestros seguidores y por lo que reciban los tratáramos diferentes.

Black Mirror

El segundo episodio, titulado ‘Playtest’ vuelve de cierta forma a la esencia oscura y poco predecible de Black Mirror. El plot twist del capítulo, separado en dos escenas dar por resultado un final insulso, haciendo de la tensión un elemento que no tiene ya una razón de existir en la serie. Si bien la producción es espectacular, no logra dar con el salvajismo emocional de las temporadas anteriores. Un gran caso es ‘White Bear’ de la segunda temporada, el plot twist es algo inesperado por el espectador y lo quiebra, le provoca preguntas sobre si es realmente válido éticamente las situaciones que está viendo en el supuesto que pudiesen ser una realidad.

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Ya no hay un ‘The Entire History of You’, ni un ‘Be Right Back’. El golpe en el estómago cargado de emociones fue completamente retirado por entregar un contenido más sencillo de digerir. El episodio más cercano para aquellos que fueron enamorados por las temporadas anteriores es en este caso ‘San Junipero’. Sin embargo, no alcanza a ser lo suficientemente chocante; es un tibio acercamiento a lo innovador que fue la creación de Brooker.

Dejando a un lado el decepcionante comienzo, esperamos que la siguiente entrega de seis episodios (posiblemente a estrenarse el próximo año) sean más cercanos a la escencia de la serie. Una vuelta a la amenazante puesta en escena y guiones cargados de viceralismo emocional que deja al espectador con muchas más preguntas sobre la situación actual de la humanidad.

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