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Porque la televisión igual educa… un poco.

Algunas lecciones sobre la publicidad (y la vida) que aprendí viendo Mad Men.

Por Diego Duarte | 23-06-15
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Soy de esas personas que le gusta ver series. Hace unos años podía pasar horas viendo una serie, devorando capítulos hasta completar temporadas enteras sin despegarme de la pantalla. Ahora que no tengo el mismo tiempo libre de antes prefiero esperar un poco y descubrir “nuevas” series, que en realidad son series que ya llevan un rato exhibiéndose, pero no me había sentado a verlas.

Una de ellas es Mad Men, la serie sobre publicidad que sigue las aventuras de Don Draper, Peggy Olson y el resto de los compañeros en la agenciaSterling Cooper, en aquellos años donde la publicidad era con más clase y menos al lote.

Después de ver 7 temporadas y media (me falta la mitad de la última temporada), he logrado sacar algunas lecciones sobre la publicidad y sobre la vida también. Porque, al final, todas las lecciones que uno aprende pueden ser aplicadas a la vida. A continuación paso a enumerarlas porque junto con las buenas series, también me gustan las listas. Otra cosa: esto viene lleno de links a videos y otras cosa. Están advertidos.

Reconoce el buen trabajo de tu equipo (pero no dejes que ellos lo sepan… tanto).

Don Draper sabe que las ideas no surgen solas de su cabeza. Si, el tipo sabe lo que hace y es muy bueno en lo que hace, pero también sabe que sin un equipo detrás de él que lo ayude a sacar estas ideas, no lograría hacer toda su magia publicitaria. Pero, si bien tiene en cuenta las opiniones de los demás, prefiere que ellos no lo sepan. Así no se “malcrían” y siguen haciendo un buen trabajo. ¿Qué mejor ejemplo que Draper gritándole a Penny para qué sirve el dinero?

Siempre ten a mano un plan B.

No importa qué tan bueno sea el plan A, no importa si todo garantiza que éste resultará. Siempre, SIEMPRE, tienes que tener un plan B bajo la manga. Siempre debe parecer que no estás preparado para lo que va a venir, pero sorprender cuando sacas a mano tu plan B. ¿Qué me apegue a mi contrato? No tengo contrato. Don Draper siendo el puto amo. Otra vez.

Toda buena publicidad cuenta una historia.

Esto es una verdad casi absoluta. Para que una publicidad resulte, tiene que contar una buena historia, tiene que tener emoción y provocar. Es así de simple. Por eso la publicidad que siempre recordamos es aquella que nos movió algo en el cuerpo, que nos puso la piel de gallina y que siempre tenemos como referencia, com si fuera un cuadro de Van Gohg en un museo. La miramos, la estudiamos y la volvemos a mirar; sólo para darnos cuenta que todo lo que tienen en común es eso: una buena historia detrás. Peggy lo supo desde siempre.

Confía en tus instintos.

Aunque parezca que todo está mal, que lo que estás haciendo no lleva a ninguna parte, que quizás no servirá de nada, siempre confía en tus instintos. Si la idea está ahí y no se va (a pesar de haberla rechazado una y otra vez), es por algo. Esa cosa dentro tuyo te está hablando y tienes que escucharla. Por lo menos vas a poder dormir tranquilo.

Acepta tu pasado.

No todos somos ángeles y todos tenemos tejado de vidrio. Pero muchas veces el pasado que renegamos y que no queremos volver a recordar nos hace más grandes y nos permiten seguir adelante una vez que lo aceptamos. Nos sentimos aliviados, transparentes y renovados. Y si, a veces cuesta y esta aceptación tiene sus consecuencias. Pero, al final del camino, podemos mirar hacia atrás de manera orgullosa y estar tranquilos y conformes con lo que hemos hecho. Si no, pregúntenle a Don.

Los clientes nunca saben lo que quieren. Nunca.

Por eso es nuestro trabajo, como publicistas, enseñarles lo que quieren. Y, algunas veces, saben lo que quieren, pero no tiene idea sobre como tenerlo. Esto va en conjunto con otro tema: hacerles entender qué es lo que estos clientes están haciendo mal. Es una responsabilidad que debemos tomar, aunque eso signifique perderlos como clientes. Decir la verdad a los clientes no es fácil, pero si ellos no quieren aceptarla… eso ya no es tu problema.

Recuerda que eres el mejor y que tu trabajo siempre tendrá recompensa.

Acá me quiero detener en la figura de Peggy Olson, mi personaje favorito de la serie. En un principio una secretaria más de la oficina, Peggy supo sacar su voz (y creatividad) para comenzar a crecer no sólo como redactora creativa sino como persona. Y todo gracias a su tenacidad, s inteligencia, sus convicciones y su ego (porque el ego si importa… a veces). Peggy nunca fue la carta ganadora, pero supo hacerse un nombre en la industria porque sabía que sus ideas funcionaban, que podía entregar algo nuevo a una publicidad dominada por hombres fumadores y bebedores sin mucha moral.

Peggy pasó de ser una persona tímida a no importarle lo que los demás piensan, mientras ella supiera que estaba en lo correcto. Por eso, fuck yeah Peggy, te extrañaremos.

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