Do re mi la fe

Por Paola Gutiérrez
Te levantas por las mañanas y tus necesidades básicas de agua, luz, comida y techo están presentes. Sin impedimento físico y con una facha que mejoras con ropas y accesorios varios, te ves al espejo a diario. Tienes algún oficio por el que te pagan y más de alguien que no es tu familiar directo siente afecto por ti.
Desprevenido como te encuentras, un día sientes que ya no sólo el agua tiene sabor a cloro, sino que tus horas también lo son: Incoloras, trasparentes, con sabor a higiene social, listo para enfrentar el día clon. Ese día clon se refleja en que te quedas callada frente al apitutado que llega a la oficina y que le tienes que hacer la mitad de la pega.
Ese día clon se ve reflejado en que estás urgido con Calculo 3 y piensas que te vas a echar dos años de carrera pero no le has dicho nada a tus papás todavía.
Ese día clon se ve reflejado cuando escondes la argolla de matrimonio en la correa del reloj, claro, no se pierde, pero tampoco se muestra.
Ese día clon se ve reflejado cuando tu jefe se va con el diseño que hiciste donde el cliente. El cliente se va donde el gerente y el gerente va al desayuno con el directorio y todo aprobado, impecable, innovador. Pero tu diseño nunca fue tuyo, es del cliente y para qué vamos a alegar, total… a los diseñadores siempre nos pasa lo mismo. A los periodistas siempre les pagan poco. A los abogados nuevos siempre les toca hacer los trámites en la notaria y así.
Pero es mejor que vender celulares… eso dicen.
Entonces te mandas a la mierda. Andas con un ánimo de perros en celo y tienes una fuerte tendencia a escuchar música fuerte, a todo lo que da el parlante, ya que con algo debemos callar esa pregunta latente: ¿Esto es lo que quiero?
Mañana tenemos perturbación ambiental.
Cambiarte de carrera, renunciar a tu pega fija, abandonar la casa de tus papás, recuperar a tu ex, son anhelos que pueden marcar una diferencia, hacerte caso y dejar en mute el ruido ambiente de los demás personajes. Es virar en U en una autopista.
Si prefieres, también están los cambios periféricos: rápate, hazte un tatuaje, tómate 7 pills en menos 2 horas de fiesta electrónica, endéudate en el Parque, en el Portal y en el Plaza o ponte un percing en la entrepierna y súbelo a fotolog. En fin. Hay mil doscientas cuarenta y ocho opciones de mitigar el silencio interno de no saber para dónde vas. A mí me parecen válidas todas las opciones, si con eso el karma espeso encima tuyo te deja de molestar.
Cuando uno tiene la posibilidad de elegir y dejar atrás la perturbación ambiental, lo único que lo detiene para hacer el cambio es la falta de fe. Lanzarte por lo que realmente te mueve, recuperar la intención de hacer lo que crees, tomar el camino que sea… el primer impulso será la fe en lo que sea, ojala, en uno mismo principalmente.
La montaña se mueve.
Claro, hay que comer, hay que vestirse y hay que pagar las cuentas que firmaste, estamos de acuerdo. Sin embargo, una noche escuchaste la frase “yo no vine a este mundo a pagar la deuda externa” y algo empieza a generar sentido en uno.
Sin recurrir al clásico, místico y utópico viaje al desierto, tomar ayahuasca, sentarse en una roca a esperar que llegue la revelación divina, uno también puede lograr enfocarse en momentos simples como arriba de una troncal, dando un beso o comiéndose un ave palta, cualquier situación cotidiana puede gatillar el cambio y eso es notable.
Y bueno, cuando uno ya sabe lo que quiere… ¿Cómo changos hace que las cosas pasen?
Si una máquina necesita algún tipo de combustible para funcionar, pienso que la fe sería el combustible que nos mueve. Superior a la perseverancia, al talento y a la fuerza de voluntad. Algo generado entre lo que sientes, piensas y generas en ti mismo y en los demás, que te saca de la inercia y te eleva a otro estado, como esa breve sensación que se da en los ascensores cuando emprenden la subida. Simplemente en contra de la gravedad.
Cuando uno tiene fe, deja de sentir frío, deja de sentir peso, deja de sentir presión. Misteriosamente, uno ya no pide que la montaña venga a uno, pides que no se mueva mientras la subes.
Creerse el cuento, becerros de oro y otras hierbas .
Hay preguntas que no tienen respuesta, porque simplemente tienen muchas. Puedes encontrarlas en el horóscopo, en Coelho, en el Tarot, en un Santo Patrono, en los amigos, en el copete, en ligar con chicas, chicos o todos juntos, en la iglesia, en comprar, vender y consumir dosis diarias de pastillas, polvos y hierbas, aferrarse al matrimonio, idealizar a su pareja, en los padres que separados se reconcilian, en una película donde sales pa’ dentro porque era de la vida real, en el bebé que viene en camino. Infinitas respuestas.
A mí me ha costado entenderlo, pero cada vez que me llevó el viento y me sentí perdida, fue porque no creí en mi. Sólo queda atreverse a despegar, vivir nuevas experiencias porque si no, no se pueden hacer nuevas canciones.



































Da para pensar..esperemos q mas de alguno llegue a una conclucion cn su vida..yo al menos sigo esperando q la montaña no se mueva tanto pq me mareo :P