Cristián Jiménez, director de Ilusiones ópticas: “Nos late más el corazoncito al mostrar la película en Valdivia”

Ilusiones ópticas, la ópera prima de Cristián Jiménez, inaugura hoy la jornada inicial del XVI Festival Internacional de Cine de Valdivia. Para saber más de esta película que llega a las salas de cine el 5 de noviembre, hablamos con su director sobre la realización de este proyecto, sobre Valdivia, sobre sus comienzos en la narrativa visual, sobre sus nuevos proyectos y sobre sus filmes esperados del Festival.

El living de Cristián Jiménez está lleno de cintas de vhs, dvds y libros que siguen cierto orden alfabético. Sus objetos nos cuentan que el director de El tesoro de los caracoles es un lector de Bolaño y que le sigue la pista a las letras actuales leyendo a Alejandro Zambra.
Con la misma meticulosidad con la que debe haber ordenado sus libros, Cristián Jiménez prepara un té de hojas mientras cuenta un poco sobre su formación académica. Estudió Sociología antes de partir a Londres a hacer un master. Hizo su tesis sobre fotografía, específicamente sobre el acto de fotografiar y sus implicancias sociales.
Explica, en palabras sencillas, la función social que adquiere el álbum familiar en el momento en que aparece en la historia de la humanidad: “el álbum de fotos funciona como un soporte de la narrativa que le da orden a la familia, no necesariamente tiene que ver con lo que está pasando. Surge cuando hay un colapso como respuesta a las desintegraciones familiares debido a las migraciones por los cambios en el mercado laboral. La foto le da continuidad a la familia cuando la discontinuidad es lo que se está viviendo”.
Con la misma claridad y perspectiva, amplía sus reflexiones hacia el cine, “si lo pensamos, el cine también hace un poco de esto. Que un propio país dicte su cine y no se coma otro cine solamente, el norteamericano, por ejemplo, tiene que ver con una lucha relacionada al control social. Un país que se controla a sí mismo es un país que lanza y produce su propio discurso”.
MDH: ¿Cómo llegas desde la sociología al cine?
CJ: Yo nunca fui cinéfilo desde chico, a mí me interesó el cine como a las 20 años, mi rollo infantil o juvenil era un rollo literario, partí escribiendo poemas, después escribí cuentos, el rollo de los cuentos me lo tomé bastante en serio, de hecho publiqué y estuve en un taller de la Biblioteca Nacional. Me integré bastante a ese mundo y en algún momento, como parte de ese mismo interés narrativo empecé a hacer cortos pero en forma muy artesanal.
MDH: ¿Tipo Handycam?
CJ: Handycam y dos amigos, artesanal full. De eso fui pasando a cosas un poquito pro, luego semi pro y después ya fue pro. Mi primer corto más profesional, con sentido de director, lo hice en Inglaterra.

MDH: ¿Cómo fue la realización de ‘Ilusiones ópticas’?
CJ: Escribí el guión con Alicia Scherson. Coescribimos, era una idea original mía, yo hice un tratamiento (tratamiento: guión sin diálogos, con un resumen de la idea, parecido a una escaleta) y después empezamos a escribir. Entremedio lo llevé al taller Colón en Argentina, en donde se recibe feedback de gente que está bien metida en el mundo del cine. En un punto el guión empezó a quedar bien y nada, levantamos el financiamiento y después hicimos la película. Igual fluyó aunque tomó un poco de tiempo.
MDH: ¿Hay algo netamente cinematográfico que caracterice a ‘Ilusiones ópticas’?
CJ: Mi película es una apuesta súper material. No es una película que simplemente ilustra un guión, tiene eye candy, hay propuesta visual que tiene que ver con lo que se está hablando. La idea es que forma y fondo sean parte del mismo artefacto. Pasa por que los aspectos formales de la película tengan harto protagonismo en lo que se está narrando. El cine es un medio que ofrece tantas oportunidades para hacer cosas entretenidas y explorar sus límites, me parece que vale la pena el esfuerzo de hacer películas que tengan esa cosa de artefacto, no simplemente un storytelling, en el sentido de la literatura –que tiene cosas increíbles también.
MDH: ¿Cómo llega ‘Ilusiones ópticas’ a ser la película inaugural de esta versión del Festival de Cine de Valdivia?
CJ: Valdivia, de un tiempo a esta parte se ha convertido en un polo súper activo en el cine chileno, de hecho es la segunda ciudad que más cine produce (después de Santiago). Esto tiene que ver con hartas cosas: con la Universidad, con el hecho de que exista el Festival de Cine hace más de quince años, con la tradición literaria y musical.
Por convergencia de muchos factores, incluida la presencia en Valdivia de Jirafa, que es uno de mis productores, Valdivia ha tenido esa fortaleza. Yo también soy parte de este movimiento. Yo soy valdiviano y me interesa harto contar historias que tienen que ver con el sur, que tienen que ver con Valdivia y el maridaje con el Festival es un poco natural: director valdiviano, película valdiviana, festival valdiviano, ¿dónde se presenta la película? Es un match natural.
Para nosotros es súper entretenido y súper agradable que a la película le den bola afuera, estuvimos en San Sebastián y ahora vamos a ir a Japón (al Festival de Cine de Tokio) pero igual nos late más el corazoncito al mostrar la película en Valdivia.
MDH: Cuéntanos un poco sobre ‘Ilusiones ópticas’.
CJ: La película contiene varias historias que se cruzan, transcurren todas en Valdivia, en invierno. Se podría decir que trata de gente común y corriente que está enfrentada a sueños y frustraciones. Están enfrentados a una ciudad que ha cambiado su cara en forma brusca en poco tiempo y eso, por momentos, les quita las señas de orientación, los deja huérfanos de referencia y hace que sus vidas se puedan volver, a veces, un poco surrealistas.

MDH: De lo que se ve en la sinopsis, se puede notar que tiene mucho que ver con el mundo laboral, ¿es un tema en la película?
CJ: Sí, la película tiene harto que ver con las empresas, con ciertos modos de operar que tienen las empresas y cómo eso se conecta con cuestiones más cotidianas. Es un tema este rollo laboral contemporáneo que a veces es sofisticado y a veces es un poco absurdo.
MDH: ¿Y por qué se llama Ilusiones ópticas?
CJ: Porque es un mundo entre provinciano y moderno, que a veces se comporta en forma absurda, se vuelve un poco como un espejismo, un lugar opaco, difícil de apreciar. Pero la palabra ilusión también tiene que ver con deseos y con aspiraciones, con promesas que ese mismo mundo ofrece. Y a veces hay una distorsión entre los deseos y la realidad. Existe el dicho ver para creer. En la película pasa un poco lo contrario: para seguir creyendo, para mantener la fe, a veces es mejor no ver o no ver tanto. Todo esto puede sonar un poco dramático a simple vista, pero le dimos un tratamiento que siempre está teñido por la comedia.
MDH: ¿Esperas alguna de las películas que van a dar en Valdivia?
CJ: Bueno, Turistas, que ya la vi y es una de las películas que creo que vale la pena. Tengo ganas de ver Mandrill también. Y las retrospectivas de Víctor Erice, Nacho Agüero y de Bill Plympton.
MDH: Ahora que Ilusiones ópticas está andando bien y no necesita las rueditas, ¿estás en algún proyecto nuevo?
CJ: Sí, estoy en dos proyectos nuevos que están en etapa un poco primigenia. Una es una familiar, tiene que ver con una familia que entra en crisis cuando el padre de familia decide abandonar a la mamá después de 37 años de matrimonio. Los hijos están grandes y como que toda esta familia se pega un terremoto que hace que salgan afuera muchas cosas, igual tiene un tono un poco cómico. Y lo otro que estoy escribiendo es una historia más romántica de estudiantes universitarios.
MDH: ¿Siempre en Valdivia?
CJ: Sí, por el momento estoy bastante cómodo en Valdivia.




































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