
Cuando te gusta alguien es súper bacán, sea correspondido o no, el hecho de que te guste crea todo un micromundo paralelo en donde la imaginación y las ansias crean algo nuevo. Y te encantas, te encantas y te encantan; y te preocupas de la pinta, de lo que dices, de como y de cada reacción del otro. Y por dentro gritas como nadie jamás ha gritado, si te miran, si te llaman. Si hasta crees (y no veo por qué no habria de ser así) que eres la mujer más feliz de todos los metros a la redonda.
Pero definitívamente lo mejor, es el mitico proceso de encantamiento, en donde todas las cartas son tiradas sobre la mesa y cada frase es vista más como una oportunidad antes que como base para un diálogo; ¡pero qué diálogo!, si es en esos momentos en donde las palabras sí sobran.
Y ahí es cuando todo es bonito, y se caen encima (como los lunes de Gepe) los fines de semana rosa, o naranja, como prefieras llamarlos, total qué importa como los nombres, la cosa es que son.
Esos días así me suenan a guitarras otoñales, o bicicleta, y si tuviera que musicalizar éste momento descrito, definitívamente voto por Wouldn’t it be Nice de los Beach Boys.
Disfruten.