Franz Ferdinand – Movistar Arena (13.03.2010)

El terremoto no amilanó los ánimos de Alex Kapranos por tocar en Chile. Lo expresó apenas tuvo noticia del devastador sismo, aduciendo que el evento por ningún motivo sería cancelado, dando calma a los fans que esperaban que esta tercera patita en la copia feliz los tuviera como dueños absolutos del circo (las dos anteriores, ambas en febrero del 2006, estuvieron como teloneros de U2 y como número en el Festival De Viña).
Llegó el día sábado, y aunque el miedo telúrico no hizo retroceder al cuarteto, si hizo mella en el público, que promedió las ocho mil almas. Con una sobria puesta en escena, quedó explícitamente claro que el show descansaría en las capacidades de la banda en el ejercicio de sus instrumentos y en la empatía que lograran establecer con la gente. Dicha conección quedó patente desde el primer momento, y no decayó en los cerca de noventa minutos que tuvo de duración el concierto. Te falta leer lo mejor →












En los años ‘60, los artistas lanzaban entre dos o tres discos por año. Por lo tanto, tomarse siquiera un par de meses de vacaciones se convertía en el equivalente a un suicidio comercial, un viaje al olvido casi inmediato.

























